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Catarsis colectiva

• Mediante un recurso ingenioso, el miedo al terrorismo es plasmado en imágenes chocantes

Cloverfield - Monstruo
(Cloverfield)
Dirección: Matt Reeves. Reparto: Michael Stahl-David, Jessica Lucas, Lizzy Caplan, T.J. Miller. Duración: 1.25. Origen: EE.UU. 2008. Calificación: 8.

Gracias a experimentos logrados como “Cloverfield”, el género fantástico se renueva periódicamente, elaborando argumentos tradicionales en un formato novedoso. En este caso, se trata del típico concepto de la criatura gigantesca que ataca y destruye una ciudad, tal y como sucedía en las películas de “Godzilla”.
La diferencia principal es que aquí la historia es relatada desde un solo punto de vista, como si todo lo que se observa en pantalla fuera real. Básicamente, es el mismo recurso narrativo que se utilizó en “El proyecto de la bruja de Blair” (1999), pero llevado al siguiente nivel.
Una advertencia señala que el filme en cuestión es propiedad del Departamento de Defensa de Estados Unidos. Supuestamente, es la grabación de una cámara de vídeo digital, la cual fue encontrada en el lugar “antiguamente conocido como el Parque Central de Nueva York”. Un joven recibe el encargo de documentar la fiesta de despedida de un amigo, quien está a punto de marcharse a Japón. Cuando la isla de Manhattan es atacada por un monstruo de origen desconocido, la cámara se convierte en testigo de eventos apocalípticos.
Este truco ingenioso coloca al espectador en el centro de la catástrofe. Uno de los principales temores colectivos de la actualidad —el miedo al terrorismo— es plasmado en imágenes chocantes de edificios derrumbados y pánico en las calles, evocando inevitablemente los sucesos del 11 de setiembre de 2001.
Se podría cuestionar la legitimidad de una operación comercial, que pretende explotar una dolorosa tragedia para fines espectaculares. En este sentido, cabe destacar que el cine, en cuanto arte y entretenimiento masivo, cumple también una importante función sociológica, pues le ayuda a la gente a asimilar experiencias traumáticas, mediante un proceso de catarsis.
Por supuesto, las características más originales de la cinta constituyen su mayor limitación. Al simular la textura de un vídeo casero, se reproducen sus defectos formales, empezando por la falta de estabilidad en el encuadre. La corta duración, evita que esta insólita presentación visual se torne molesta, aunque sí podría generar una sensación de mareo en algunos miembros del público.
J.J. Abrams, creador de la teleserie de culto “Lost”, financió esta producción de alto impacto, que marca el promisorio debut directoral de Matt Reeves. A pesar de algunas leves caídas de tono en la segunda mitad, Reeves realizó un trabajo notable, manteniendo siempre una ilusión de autenticidad. Ello confiere a “Cloverfield” una fuerza dramática sobrecogedora.


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