Humberto Pacheco

Humberto Pacheco

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Martes 4 Agosto, 2009


TROTANDO MUNDOS
¿Castrenses ó Castrados?

Repudiamos toda intervención castrense en los derechos y libertades de los pueblos y, más aún, de los individuos (por ser éstos más vulnerables), por lo cual no podemos avalar lo que sucedió en Honduras ni aunque fuera por justa causa. Este país dejó pasar una oportunidad de oro para promover, por la vía legal, el impeachment de un Presidente que violó la Constitución Política, lléndose en vez por la errónea vía del golpe de estado, mal hábito que en América Latina ha costado más erradicar que la malaria.
Creíamos que íbamos por buen camino en Centro América cuando Nicaragua pudo finalmente ir a las urnas de verdad, pero eso duró bien poco porque los oportunistas que lograron el poder no tuvieron empacho en dejar de lado sus principios para lograr sus objetivos personales. Esto se fue haciendo más grave hasta llegar al gordo, que compró su libertad tras la cárcel que le impusieron por asaltar el fisco, apoyando al flaco, y el flaco, que lo perdonó para lograr la perpetuidad en el poder con su apoyo. A esa tragedia se suma la de Guatemala, que no logra salir de la práctica mafiosa de eliminar al contrario asesinándolo.
PERO, dicho esto, también repudiamos el que por ese desacierto, todos los “machazos” del concierto mundial se le hayan ido encima con saña a un “paisesillo” como Honduras (no se nos ofendan los hondureños que eso son todos los de Centro América), pero vuelvan a ver para otro lado cuando los Chinos asesinan a tibetanos, uigures y a todos aquellos que desafíen su dictadura; Chávez atropella los derechos civiles de los venezolanos (por ahora solo esos) sin debido proceso ni nada que se le asemeje y, bajo la guisa de una elección amañada, pretende seguir los pasos de su caudillo Fidel Castro (un rey con derecho sucesorio investido en ese baturro de su hermano) para perpetuarse en el poder; y una “pléyade” infame —por ahora limitada— de esbirrillos buscan lo mismo en sus países de opereta. Y ni que decir de los trogloditas de Corea del Norte y de algunas naciones africanas.
Para seguir con la parodia que es Latino América, tampoco entendemos porque esos “machazos” no sancionan radicalmente a Chávez ante la abrumadora evidencia que han ofrecido los colombianos de su colaboración con las FARC, al punto de haberles suministrado las armas de destrucción masiva (éstas sí lo son) que compró a Suecia. Por ahí se oyó un gritillo de Suecia pero no hemos oído un alarido atronador como el que dejó sordos a los centroamericanos por el incidente de Honduras.
En la escuela primaria a eso le llamábamos escoger al más débil porque le comen gallina a los más grandes. No mucho ha cambiado desde entonces.
Lo anterior en forma alguna desluce la brillante intervención del Presidente Arias en su búsqueda de la paz para nuestro hermano país. Su vocación clara y probada en esa dirección y su prestigio, no solo han contribuido a bajarle el calor a la contienda, sino que le bailaron el protagonismo al mono suramericano que no hace más que pegar alaridos amenazando a Raimundo y a todo el mundo con invadirlos, usando las armas que ha adquirido para patrocinar sus nefastos designios, sí no actúan en línea con lo que él quiere.
El rol de don Oscar adquiere todavía más brillo sí tomamos en cuenta que los únicos que le han negado mérito a su gestión son los comunistas reciclados locales de siempre, al unísono con su patrocinador venezolano. Decía nuestro padre que el insulto y el ataque de los infames enaltece al ofendido.
Entiéndanlo bien los escasos de materia gris: el prestigio internacional que le ha traído don Oscar a nuestro país con su gestión de pacificación en Honduras es enorme. Agradezcámosela.

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