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Lunes, 10 de diciembre de 2018



COLUMNISTAS


¿Capitalismo o socialismo?

Leopoldo Barrionuevo [email protected] | Sábado 15 octubre, 2011



ELOGIOS
¿Capitalismo o socialismo?

Pocas épocas tan difíciles, discontinuas y de ruptura como los años que estamos viviendo, en los cuales se despide el pasado y ni siquiera asoma el futuro.
Las ideologías están ausentes sin aviso y ni los neologismos sirven siquiera para prenunciar lo nuevo ante la desaparición silenciosa, sin pena ni gloria tanto del socialismo como del capitalismo; de un lado, la penosa tarea de la lenta despedida de Fidel Castro y del otro, el estúpido intento de denominar neoliberalismo al denostado hijo de Adam Smith.
Es apenas lógica la confusión que nos embarga en tiempos de cambio sin destino y sin certidumbre y si lo vemos en la política nacional, Liberación se debate entre la socialdemocracia y el neoliberalismo, mientras los restantes partidos son un coctel que nadie entiende, en medio de una mejenga en la que se intentan alianzas más personales que otra cosa, se diga lo que se diga, mientras el socialismo es un refugio de dictadorzuelos y el capitalismo no se distingue ni siquiera como recuerdo histórico a no ser por los chinos, abanderados de un socialismo capitalista o de un capitalismo socialista, vaya uno a saber bajo qué bandera se cobijan.
Cada dos siglos, aproximadamente, se presentan estas incongruencias, mientras surgen en la sociedad otras probables fórmulas no sin dolorosas experiencias en medio. La Revolución Industrial generó el capitalismo en el siglo XVIII y la Revolución Francesa las ideas sociales que harían eclosión en el siglo XIX con el Manifiesto Comunista de Karl Marx y se extenderían a nivel mundial un siglo después desde la Revolución Rusa de 1917.
Las grandes corporaciones comenzaron a descarrilarse tras la Guerra Mundial, en especial desde el embargo petrolero de 1973 y la casi simultánea explosión tecnológica originada por el saber, por el conocimiento que dominan de lleno el siglo en que vivimos. Mientras tanto, si bien la pobreza no ha cedido su espacio, se vive mejor aunque la sociedad de consumo y la economía de mercados cobran su cuota.
Ni las ideas sociales ni el neoliberalismo han generado mejoras visibles o al menos extendidas, es la educación, los avances tecnológicos, la aparición de la sociedad del saber la que supera las viejas ideologías, la innovación, el trabajo creativo, todo lo que viaja por el mundo con cada individuo y es bien recibido en las sociedades desarrolladas que van envejeciendo eliminando lo que otrora era su mayor riqueza: el proletariado, es decir, las familias con numerosos hijos que aportar al trabajo del hogar, en razón de ello las sociedades más ricas se ven obligadas a comprar el conocimiento de los jóvenes del Tercer Mundo con preparación académica para seguir manteniendo sus prerrogativas toda vez que su población se extiende en las edades improductivas y se secan los vientres de los más jóvenes, aunque deban enfrentarse con la inevitable consecuencia: la xenofobia.

Leopoldo Barrionuevo
[email protected]