Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 17 Enero, 2014

Los sectores medios y pobres y la juventud, dan señales de haber despertado y se muestran “indignados” ante una campaña demagógica en la que se despilfarran millones


Campaña atípica

Las campañas electorales en nuestro país oficialmente comienzan en octubre, aunque durante todo el último año del cuatrienio los partidos ocupan el centro de la atención de los medios y de la vida política. A finales de año la actividad calienta y se vuelve más agresiva durante el mes de enero por ser la recta final. Sin embargo, esta rutina se ha cambiado en la presente campaña.
Comenzó muy fría, porque se partía de la (falsa) creencia de que el oficialismo no tenía contrincantes. Pero todo cambió cuando las encuestas de principios de diciembre mostraron un crecimiento exponencial del Frente Amplio. Desde entonces la reacción ha desatado una campaña, generosamente financiada, promoviendo una atmósfera de miedo irracional y fomentando prejuicios rayanos en la estulticia, a la que referiré en otra ocasión.


Villalta ha respondido con una madurez política y psicológica que contrasta ostensiblemente con la histeria de que dan muestra quienes lo adversan.
Estos últimos despilfarran dinero luchando contra las fobias y traumas de su patológico subconsciente, como si con ello pudieran ocultar su mala fe, aquella que hace del miedo compulsivo un maquillaje para simular que la corrupción imperante, la violencia desenfrenada, la creciente desigualdad socio-económica, el desempleo abierto o la mal llamada “economía informal” y la incompetencia que se camufla tras el ambiguo eufemismo de “ingobernabilidad”, no fueran responsabilidad directa de ellos.
Los sectores medios y pobres, que son la mayoría y, en especial la juventud, lo experimentan día a día, por lo que dan señales de haber despertado y se muestran indiferentes, por no decir “indignados”, ante una campaña demagógica en la que se despilfarran millones.
En concreto, me parecen ridículas las acusaciones de “falta de madurez” dirigidas en contra del candidato del Frente Amplio (José María Villalta cumplirá 37 años en este 2014), cuando en la historia política de Costa Rica hay personajes que han sido jefes de Estado con menos edad. Baste con mencionar al “arquitecto del Estado Nación”, don Braulio Carrillo en el siglo XIX, o al gran estadista iniciador en Costa Rica del siglo XX por ser el precursor del Estado Social, Don Alfredo González Flores, el gobernante más joven que tuvimos en el siglo pasado.
Pienso que la juventud de José María Villalta es uno de sus abundantes atributos, inspira confianza con su energía e idealismo, que tanta falta hacen en la clase política tradicional cuya decrepitud es patética.
Costa Rica necesita sangre nueva, una nueva generación de líderes que sea capaz de asumir los retos de un época nueva. Estas dos décadas de siglo XXI han mostrado fehacientemente que no estamos ante una época de cambios sino ante un cambio de época. El año entrante espero celebrar medio siglo de haberme iniciado como profesor universitario y me siento orgulloso de muchos de nuestros jóvenes. Los siento más serios y menos cínicos que no pocos adultos. Su ingreso masivo en la política constituye lo más novedoso y esperanzador de esta campaña.
Un nuevo protagonista ha emergido en nuestra historia, que nos recuerda cuando en 1914 D. Alfredo González inició el fin de la ya decrépita república oligárquica heredada del siglo anterior.

Arnoldo Mora