David Gutierrez

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Martes 7 Abril, 2015

Debemos insistir y presionar al Estado para que nuestro país se vista con esa camisa de fuerza dorada


¿Camisa de fuerza dorada?

Recientemente volví a leer el libro “The Lexus and the Olive Tree”, 1999, de Thomas L. Friedman, reconocido escritor y columnista del diario New York Times, quien es además un astuto observador del proceso de globalización.
Uno de los capítulos que más llaman la atención se refiere a “The Golden Straitjacket”, (la camisa de fuerza dorada), en el que Friedman resume los diferentes sistemas ideados para lidiar con el tema de la democracia y el capital.
El autor explica cómo entre 1917 y 1989 pensadores como Marx, Engels, Lenin, Mussolini y otros, propusieron sistemas como el comunismo, el socialismo y el fascismo, pero con el tiempo estos fracasaron y más bien permitieron consolidar una visión opuesta: a mayor libertad política y libertad económica en un Estado, mayor es la calidad de vida de sus habitantes.
Los ejemplos en ambos sentidos son abundantes para concluir que el capitalismo de libre mercado es el mejor sistema para aumentar los estándares de vida.
Cuando un Estado decide reconocer este hecho y cumplir con esas reglas, se viste con lo que Friedman llama “la camisa de fuerza dorada”, que se empezó a gestar con Margaret Thatcher en Inglaterra a finales de 1970 y con Ronald Reagan en EE.UU. a inicios de los ochenta.
Con el fin de la Guerra Fría se puso muy de moda, y hoy podemos ver cuáles países se pusieron la camisa de fuerza y cuáles no, ya que una nación debe adoptar, o al menos avanzar, en una serie de reglas doradas:
- Que el sector privado sea el principal motor del crecimiento económico
- Mantener una baja inflación y estabilidad de precios
- Reducir el tamaño del aparato estatal
- Mantener presupuestos públicos balanceados
- Eliminar o reducir drásticamente los aranceles aduaneros
- Eliminar las restricciones a la inversión extranjera
- Eliminar monopolios o actividades similares
- Aumentar las exportaciones
- Privatizar los negocios estatales
- Desregularizar los mercados financieros
- Promover la competencia interna
- Eliminar la corrupción estatal, los subsidios y las coimas
- Abrir los sectores financieros y de telecomunicaciones a competencia privada
Si bien, 16 años después que el libro fue escrito podemos discutir la bondad de algunas de esas reglas, los países que implementaron la mayoría de estas son mucho más exitosos que los que no lo hicieron.
En el caso de Costa Rica, lo hemos hecho particularmente bien en temas de comercio exterior e inversión extranjera. Algunas otras reglas las hemos adoptado tarde o mal. Ejemplos de ello son que todavía el Estado no para de crecer, gasta mucho y mal. Además, seguimos teniendo monopolios estatales como el de fabricar licor. Lamentablemente, nos ha tomado más tiempo de la cuenta la apertura de ciertos sectores como el financiero, las telecomunicaciones y los seguros.
Debemos insistir y presionar al Estado para que nuestro país se vista con esa camisa de fuerza dorada.
No hacerlo generará más pobreza y causará rezago en nuestra competitividad.

 

David Gutiérrez Swanson

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