Tomas Nassar

Tomas Nassar

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Jueves 24 Febrero, 2011


Vericuetos
Café con tamal

Con ocasión de la publicación de mis dos columnas anteriores sobre la transformación de la avenida central y la nostalgia que produce recordar el San José de nuestra época de estudiantes, y mucho más allá de la sopapeada que me pegaron en la versión electrónica de LA REPUBLICA los adeptos al bulevar, he estado “e-mailiándome “ con algunos amigos que, como yo, rememoramos con mucho cariño la minimetrópolis urbana que se nos fue.
Con Leonel Fonseca, doña Ana María Dinis Kisova y con la grata intervención desde ultramar de nuestro Embajador en Madrid, Ekhart Peters, hemos recreado situaciones, lugares y costumbres de antes, desde los bailes de la Semana Universitaria, los helados de la ventana de la Gran Vía, hasta el cine Venus, fundado por la familia Brilla (me contaron), que quedaba donde hoy está el Banco Nacional en San Pedro y que, no sé por qué causa ajena al cúmulo de lunas llenas, parece haberse borrado de la memoria colectiva.
Hablamos de las sodas, de los arreglados de Chelles y los lápices en pan de melcochón de La Eureka y El Imán, aunque por alguna razón nos olvidamos (injusticia histórica) del Chavelona o de la Meyling, lugares apropiadísimos para un bistec encebollado o una sopa negra de madrugada, probablemente después de una noche de ronda en el Salón de Letty, en alguno de las discos o salones de baile, de esos que no sobrevivieron los avatares del progreso; o quizás siguiendo al Pibe Hine, a Paco Navarrete o al Ray Tico, dondequiera que se presentaran.
Conversamos también de cines, del Moderno, el Yadira, el Castro, el Coliseo o el Líbano y otros “pulgueros” en que desde la zona de “gallinero” hacíamos guerras de cachirulos o simplemente esperábamos ansiosos que se reventara la cinta o que algún desadaptado destapara un tubo de ensayo y dejara salir un “p… químico” para armar un alboroto indescriptible.
Recordamos con gran afecto a nuestros personajes populares conocidos y respetados por todos, en una versión pueblerina de lo que hoy serían “homeless”: Perra, Azulito, Muñeca, Cazadora y, por supuesto, al más reciente Murcia, habitante sempiterno del Parque Central.
Cómo no recordar el exabrupto de “…casa a tu madre h.p.” con que nos contestaba Casate cuando lo llamábamos por su apodo.
Por supuesto que son miles y miles de hechos, acontecimientos, personajes, lugares y expresiones, que nos podrían hacer pasar el resto de la vida recordando y añorando.
Está clarísimo, sin embargo, que este oficio de escribidor debe tener otras aristas más interesantes que enlistar la Feria de las Flores, el Sapo Triste, Teburi Discoteque, etc. etc. y tantos etcéteras que necesitarían tanto espacio en este periódico que, sin duda, ni Fred ni Luis Alberto estarían en condiciones de conceder. De tal manera, dejamos aquí concluido el periplo josefino esperando retomarlo alguna vez.
Vamos, eso sí, a recopilar toda la información posible sobre temas de roqueros (de rocos, no de rockandrolleros) que sirva de insumo para clasificarla y publicarla de alguna manera en el futuro, si es que Dios nos da vida; ejercicio que por supuesto dependerá de la gentileza de los lectores quienes serán los verdaderos y únicos autores del producto que llegare a resultar.
Y como ya cansa el cuento de la nostalgia, de la historia y de los tiempos idos, parafraseamos a don Carlos Darío Angulo con su lapidario… “minuto tres y final”.
Café con tamal.