Enviar
Jueves 24 Octubre, 2013

Las cosas que no funcionen jamás deberán taparse con un dedo, pero tampoco se debe meter el dedo en la llaga si, como mínimo, uno no busca soluciones


Buscar soluciones

En un contexto mundial tan dinámico e inclusivo para la raza humana en las esferas económicas, sociales, e incluso políticas, culturales y religiosas, entender los puntos de inflexión de la realidad local e internacional es un requerimiento para la solución de conflictos.
Desde hace unas cinco décadas, la vida humana en sus diversas formas de organización, producción y reflexión, se ha visto conmovida desde sus propias bases por medio de un proceso creciente y cada vez más acelerado de transformaciones en la redefinición de las vidas individuales y casi todos los órdenes de la vida colectiva. Los modos de relación, los ejes y criterios del poder, han sido testigos de estos cambios.


Cuando pensaba en qué tema compartir con ustedes esta semana, caí en razón que es mucho más fácil plantear argumentos en contra de hechos de realidad actual con los que uno no está de acuerdo, que destacar logros, principalmente de la función pública... lo digo en razón de que en un principio iba a partir de la extensión del arreglo de la Circunvalación de los dos meses a los seis meses, para retomar el tema de nuestras necesidades en infraestructura; pero la entrevista que ayer le hizo este periódico a Silvia Bolaños y la etiquetó en su publicación como “Mujer de soluciones”, me hizo pensar en las trabas que los conflictos ponen a la resolución de problemas.
Los conflictos pueden ser causa y consecuencia. Pueden ser la consecuencia de que los problemas no se resuelvan eficientemente. Pero también pueden ser la causa de que los problemas no se resuelvan eficientemente.
Transformación, turbulencia, inestabilidad, incertidumbre son los tonos que marcan el cambio de épocas que entraña todos los signos mencionados y a los cuales las gerencias públicas y privadas deben responder.
Los seres humanos somos seres de relación. Todo lo que decimos y hacemos comunica.
La cooperación no está en nuestro código social. Somos educados para la competencia y no para la cooperación; para la crítica —aunque la revistamos de calificativos positivos— y no para plantear nuevas propuestas con fondo; para polarizar y no para unir; para quitar poder y energía y no para fortalecer e impulsar... el conflicto está muy presente en nuestra sociedad y nos guste o no: se desplaza dentro de nuestras organizaciones públicas y privadas.
La historia humana del último medio siglo tiene muchas cosas por resolver como para seguirle metiendo ruido innecesario. De seguro la realidad nacional y foránea seguirá avanzando a un ritmo aún más acelerado que el que estamos observando. En este proceso las cosas que no funcionen jamás deberán taparse con un dedo, pero tampoco se debe meter el dedo en la llaga si como mínimo uno no busca soluciones.

Alejandra Esquivel

Gerente Gefisa
[email protected]