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Por años, las opciones de crédito para vivienda de clase media estuvieron en el olvido. Fue un sector al cual se le condenó a vivir de alquileres o a simplemente no tener un hogar propio

Buenas señales, pero no suficientes

El sector de la construcción es sin duda uno de los que resultaron más golpeados por la crisis económica en Costa Rica, y aunque los empresarios del ramo se expresan con cautela, debido a que muchos proyectos aún se encuentran estancados, algunos indicadores y sobre todo acciones tomadas en los últimos días en el área financiera podrían ser una buena señal.
Por años, las opciones de crédito para vivienda de clase media estuvieron en el olvido. Fue un sector al cual se le condenó a vivir de alquileres o a simplemente no tener un hogar propio.
Hoy, la decisión del Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo de lanzar una línea de crédito especial para este segmento de la población, y la inmediata réplica que ha generado esto en algunas entidades bancarias y mutuales, podría representar una válvula de escape para desarrolladores y compañías que viven de levantar nueva infraestructura en el país.
De mantenerse una política decidida de ofrecer estas opciones a un área de la población deseosa de construir, el sector podría sin duda encontrar ese oxígeno que tanto ha requerido durante los últimos dos años.
Sin embargo no lo es todo. La preocupación expresada por empresarios del ramo sobre la falta de planificación a mediano y largo plazo en materia de infraestructura debe ser un llamado de alerta a tomar en cuenta por nuestras autoridades.
No es posible que el futuro de Costa Rica esté limitado a lo que establece un plan de desarrollo para solo cuatro años, el cual está de sobra demostrado, muy poco se cumple.
Costa Rica debe tener un proyecto país, es algo por lo cual venimos apostando en estas páginas desde hace años, pero que hasta ahora ninguna administración ha decidido enarbolar como su estandarte, y más bien han preferido salir del paso con apenas sacar los pendientes que se puedan.
Es digno de seguir el ejemplo que nos dan naciones desarrolladas de Europa, que desde ya tienen una imagen de cómo serán sus ciudades de aquí a diez, 20 o más años, estableciendo con propiedad dónde se ubicarán diferentes tipos de edificios, casas o comercios.
Una planificación de este tipo sin duda ayudaría mucho a que los constructores, una de las principales fuerzas de mano de obra en el país, puedan también alinear sus metas a futuro y saber enfrentar con mayor propiedad cualquier altibajo económico que se presente.

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