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Brasil, la excusa perfecta para la colorista animación de “Rio”

Con su marcado estilo más amable y menos incisivo que las últimas producciones de Disney y Dreamworks, Fox sigue, tras “Ice Age”, haciendo diana con el cine de animación con “Rio”, cinta destinada sin pudor al público infantil y con una ambientación en Brasil que es un festín para sus animadores.
¿Hay algo más visual que Río de Janeiro? Probablemente sí: Río de Janeiro en pleno carnaval. Por ello, los creadores de este filme no han creado sino la excusa perfecta para hacer desembocar su historia entre carrozas brillantes, confeti, samba y multitudes enfervorizadas
Pero, claro, la calidad de “Rio” dirigida por el brasileño Carlos Saldanha más allá de esa espectacular culminación resuelta con una técnica impecable, dependía de la calidad de esa excusa y sus guionistas, segundo pilar de la película, han desplegado todo su oficio para ello.
Está por verse cómo recibe el público una propuesta tan honesta para dirigirse a lo más directo y menos enrevesado, a recuperar el cine de animación como cine infantil.
A su favor hay que decir que los factores son clásicos pero no por ello menos eficientes: ecologismo, puesto que se trata de un animal en peligro de extinción secuestrado por un traficante de plumas argumento que recuerda a “The Rescuers Down Under” y variedad animal en un entorno exótico, para lo que son perfectos el clima tropical y la selva amazónica.
En cuanto al amor, que no puede faltar, al ser especie en peligro de extinción, hay que forzar la máquina, aunque para eso los dos último guacamayos azules tendrán que aprender a entenderse. Blu es el nombre de él, criado en cautiverio y con hábitos más humanos que animales. Ella, en cambio, es libre como, no en vano, un pájaro en su entorno natural y se llama Linda. El tiene la voz del “nerd” de “The Social Network”, Jesse Eisenberg, y ella la de la presentadora de los Oscar en los que él concurría: Anne Hathaway, que traiciona así su pasado Disney trabajando para la competencia animada.
Y juntos con la ayuda del “local” Rodrigo Santoro crean la batalla dialéctica que, eso sí, acaba siendo algo descafeinada.

Madrid / EFE
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