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¿Borrón y… cuenta nueva o vieja?

Trascender, mejorar, superar y renovar son consignas que se pronuncian con frecuencia en los equipos. ¿Por qué algunos no lo logran y en lugar de elevar su desempeño se estancan? ¿Será que padecen de la “Ley del Mínimo Esfuerzo”?
Hacer un verdadero alto en el camino para dialogar a fondo, con la verdad, requiere coraje, apertura y humildad para reconocer errores. Señalar sin tapujos qué funciona y qué no, es fuente de enseñanzas, pero significa rendir cuentas, lo que algunos temen. Evitar cambios radicales cuando los resultados no son satisfactorios convierte al equipo en prisionero de sus rutinas y esclavo de sus incapacidades. ¿Cómo mejorar sin disciplina para aprender? Conviene analizar periódica y minuciosamente qué tendrá que ser diferente para aspirar a resultados superiores, de lo contrario solo habrá cambios cosméticos.
Un tímido esfuerzo para procesar el pasado podría ser reflejo del conformismo de los líderes. A lo mejor no desean comprometerse con una visión renovada, pues les obligaría a ser ejemplo de transformación en conductas, relaciones y aportes. El conformismo de los dirigentes irrita a quienes perciben una realidad diferente a la pregonada por sus jefes.
Sin duda, para algunos miembros es esperanzador constatar que si “los de arriba” cambiaran tan solo un poco, el resto de su organización se transformaría positivamente. Esto depende del concepto que los líderes tengan de sí mismos; tal como advierte Víctor Hugo, “el futuro tiene muchos nombres: para el débil es lo inalcanzable, para el miedoso es lo desconocido y para el valiente la oportunidad”.
Las organizaciones funcionan al nivel de sus relaciones internas. Si los miembros tienen facturas emocionales pendientes de cobro entre ellos, si no son capaces de perdonarse unos a otros por errores en actitudes, palabras y acciones, terminarán anclándose en la condena de que el futuro será una repetición del presente. Las aspiraciones de los equipos son proporcionales a su cohesión interna y si esta es “pegada con alfileres”, las consecuencias será pagadas con creces.
Así, el diálogo franco, un liderazgo crítico, audaz, ambicioso e innovador, más la grandeza de dejar atrás rencores internos, ilusionarán a los equipos hacia una nueva visión. El compromiso de todas las voluntades para abolir la dañina “Ley del Mínimo Esfuerzo” que solo conduce a tímidas rectificaciones, dará paso a un creíble “borrón y cuenta nueva”.
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