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Bochornoso bochinchero

Vladimir de la Cruz [email protected] | Miércoles 04 mayo, 2011



Pizarrón
Bochornoso bochinchero

Al redactar esta columna, la sesión del 1º de mayo de la Asamblea Legislativa terminó en un bochornoso bochinchero, cuando no bochódromo con el afán de los diputados de apartarse entre ellos, a modo de bochas, del sitio en que se encontraban, más no tirándose bolas sino improperios o reproches más de un ambiente de pachucos con corbata bien vestidos y perfumados, para espantar los malos olores que se auguraba y a priori se despedían, que del recinto en el que se llevaría a cabo una doble ceremonia, con el mayor protocolo que se exige, y con la cobertura pública que tiene a modo de educación cívica y ciudadana que valida los mecanismos e instituciones democráticas y el ejercicio de uno de los supremos poderes de la República, si no el de mayor rango.
Estas ceremonias son la de nombramiento del directorio legislativo y la de recibir a la Presidenta de la República para escuchar, de viva voz, su informe sobre el Estado de la Nación que presenta cada 1º de mayo a la Asamblea Legislativa, en presencia del cuerpo diplomático, testigos de honor del acto que nos proyecta como democracia ante el mundo con ellos. La segunda se cumple con solo enviar el informe a la Asamblea, como lo hizo la Presidenta en la tarde de ese día. En su momento el secretario del directorio lo leerá, para que conste en actas y provocar la discusión arreglada del mismo en solo dos sesiones.
La Asamblea Legislativa se integra por representantes de ocho partidos políticos. Ninguno de ellos tiene por sí mismo la mayoría mínima de 29 votos que se requiere allí para ciertas votaciones esenciales y más generales. Otras votaciones calificadas exigen dos terceras o tres cuartas partes de los miembros, 38 o 43 votos según el caso.
Para que la Asamblea pueda sesionar se requieren 38 votos y la mitad más uno de ellos puede tomar decisiones, pero ciertos actos necesitan 29 diputados, como lo es la elección del Directorio Legislativo, el máximo órgano de dirección política de dicho poder de la República. Y se necesitan 38 presencias físicas de diputados para sesionar, sea que estén de cuerpo presente en el recinto del Plenario Legislativo o en el cuarto de soda y cafetín, que tienen a la par de este, que se considera parte del recinto a efectos de la presencia de los diputados a la hora de tomar decisiones mediante voto o de quórum. De ese cafetín no pueden salir, pues rompen el quórum, el que se solicita a consideración de existencia a petición de parte, suponiendo que si no se hace el quórum está vigente. No se solicitó comprobación de quórum y se votó. Aun así se necesitan los 29 votos para tomar acuerdo y no 24 o 26 de los 38 necesarios para sesionar.
Los actos efectuados a la vista, con paciencia o impaciencia, tranquilidad o intranquilidad, y vergüenza ajena de los observadores invitados por los medios de comunicación a seguir este espectáculo, tan solo reflejan la Asamblea Legislativa que tenemos, la que integramos con los votos en las elecciones de febrero de 2010. Eso es todo.
Esta sesión demostró un vacío de liderazgo político nacional, por parte de la Casa Presidencial, en la figura de su Ministro de la Presidencia, más que de la Presidencia misma, pues es él a quien corresponde esa coordinación con el Poder Legislativo. Si la Presidenta se metió, metió la pata como se dice. También denotó los vacíos políticos de las fracciones, de los dos bloques que se constituyeron, y de las jefaturas de fracción partidarias individuales.

Vladimir de la Cruz