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“La primera vez que la Tía Chu fue a Nueva York, se enamoró. Como en todas las historias de amor, sintió que había encontrado el lugar y la persona con la que quería pasar el resto de su vida pero también, quería terminar su maestría que recién empezaba. Estaba muy emocionada con el nuevo trabajo en Costa Rica que había conseguido hacía poco, el cual le permitiría pagar las cuentas haciendo lo que siempre había querido hacer y decidió postergar su mudanza a la Ciudad que nunca duerme. Pasaron los meses, los años, y casi de la nada pasó lo que suele ocurrir con los amores a distancia, se distanciaron. Él ya no la quería y ella sentía que el dolor era tan intenso que hasta el cuerpo parecía desintegrarse. Entonces, ella “apareció”. En realidad, siempre había estado ahí pero la Tía Chu nunca la había visto desde el deseo.

Una mañana, llamó a su confidente para contarle que había amanecido en cama ajena. Su amiga la felicitó por ayudar al corazón roto a recuperarse. Cuando la Tía Chu le dijo que la cama ajena era la de una chica, su amiga, después de una pausa en silencio, le respondió que no se preocupara, que muchas mujeres algunas veces se confundían. La Tía Chu, no se sentía confundida aunque sí asombrada de que algo así le hubiera pasado a ella, a ella a quien nunca le habían gustado las mujeres. A la semana siguiente, y por muchas otras más, la Tía Chu, volvió a dormir en la misma cama ajena y aunque sintió que algo había cambiado, sus historias de amor, las pasadas, no se desvanecieron.”

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El 23 de septiembre se celebra el Día Internacional de la Bisexualidad. Que un día así sea celebrado, se debe a que cuando se ve a dos mujeres de la mano besándose, la gran mayoría de las personas piensa: “Son dos lesbianas”. La misma escena con dos hombres: “¡Son gais!”.

Tanto la heteronormatividad como el binarismo en la orientación sexual han fortalecido la invisibilización de aquellas personas que no se reconocen como heterosexuales, gais o lesbianas. En el plano de lo jurídico:

  • En el 2008, el Decreto Ejecutivo N° 34399-S nombró la homofobia.
  • En el 2012, el Decreto Ejecutivo nu?mero N° 37071-S incluyó una modificación para incluir la Lesbofobia y la Transfobia en el decreto anterior pero omitió la Bifobia.
  • En el 2015, el Decreto Ejecutivo N° 38999 explicitó la prohibición de la discriminación basada en Homofobia, Lesbofobia y la Transfobia, más no en la Bifobia, a pesar de que este miedo, discriminación u odio hacia personas bisexuales; no incluye necesariamente la homofobia, lesbofobia o la heterofobia, ya que hay estereotipos específicos para las personas bisexuales.

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La bisexualidad no es un mito, no es un engaño, no es una fase, no es una enfermedad y tampoco es confusión pero en 2016, las personas bisexuales seguimos sin existir al no ser nombradas. ¡Aquí estamos! y las consecuencias de la invisibilización tienen una restricción en el acceso a nuestros derechos humanos como por ejemplo en relación a la atención médica para la salud sexual y reproductiva pero también en la estigmatización a través de la asociación con la promiscuidad, la enfermedad y la confusión y en manifestaciones de discriminación en el plano de lo laboral y lo educativo al igual que en las familias.

“Lucía trabaja como arquitecta en una empresa constructora internacional. Como le gustaba mucho ir a la playa, ella rápidamente se hizo amiga de varias personas en su departamento, con quienes salía de paseo casi todos los fines de semana, junto con su novio de hace 5 años, Felipe. Hace 6 meses Lucía y Felipe terminaron. Ella estaba muy triste y sus colegas mostraron mucha solidaridad, acompañándola por ese duro momento.

Hace dos semanas Lucía empezó a salir con Ana y decidió invitarla a uno de los paseos de fin de semana, con sus colegas. Todo el mundo se portó de manera cortés, pero con distancia. El lunes después del paseo, Lucía fue a buscar a sus colegas para almorzar, a las 12 en punto, como siempre lo hacía, pero se habían ido sin ella. Lo mismo sucedió el resto de la semana. Ella no sabe, pero hoy, antes de la salida recibirá un correo de su jefa, comunicándole que será trasladada a un portafolio de clientes más pequeños.”


Los prejuicios en torno a la bisexualidad, hace que a las personas bisexuales y otras identidades bajo esta gran sombrilla (pansexuales, omnisexuales, humansexuales, etc), se nos piense y defina desde el género/sexo de la pareja con la que estamos y nos conviertan en gais, lesbianas o heterosexuales. Pero, nuestras parejas, no definen quiénes somos o como nos sentimos y aquellas historias de personas gais o lesbianas que han tenido parejas de diferente sexo para no ser discriminadas en sus círculos cercanos, no son historias de bisexualidad, sino de dolor causado por la homofobia y la lesbofobia social o interiorizada.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, brinda una guía sobre el concepto de la Bisexualidad, al identificarla con las “personas que se sienten emocional, sexual y románticamente atraídas a hombres y mujeres.” aunque también reconoce la auto-identificación de cada persona como principio rector y que es obligación del Estado costarricense tomar medidas urgentes y efectivas de prevención y respuesta frente a las violaciones de derechos humanos de las personas LBGTI para garantizar que éstas puedan gozar efectivamente de su derecho  a una vida libre de violencia y discriminación. La pregunta que cabe es ¿Cómo hacer esto sin producir y recolectar datos sobre las necesidades y particularidades  de las personas bisexuales con las cuales se puedan construir políticas públicas orientadas a proteger sus derechos humanos?

Empecemos desde lo personal con independencia de nuestra orientación sexual y celebremos la Visibilidad de la Bisexualidad este 23 de septiembre, reivindicando el derecho a elegir de todas las personas de estar afectuosa y sexualmente con quien decidan.


 


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