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Domingo, 19 de septiembre de 2021



BICENTENARIO COSTA RICA


Bicentenario

Bicentenario de Costa Rica: el estado de la democracia

Una democracia sin pluralismo estará condenada a convertirse en un sistema de gobierno deslegitimado

Inés Revuelta Sánchez inesrevuelta@gmail.com | Lunes 16 agosto, 2021

Costa Rica
Shutterstock/La República


Según el Índice de Democracia 2020 publicado por la Revista The Economist, Costa Rica se ubica en el tercer lugar como democracia plena. Sin embargo, este es un reconocimiento que debe ponerse a contraluz para dilucidar los retos que tiene nuestra sociedad bicentenaria.

Se ha concebido que la democracia es la panacea de todos los males de las sociedades modernas, sin analizar que es un sistema de gobierno y de gestión del Estado que contiene enormes desafíos ante las desigualdades, tensiones y desacuerdos que generan los mecanismos de representación social.

Por eso, es necesario hacer un análisis significativo en la conmemoración del bicentenario de nuestra independencia, pues el país tiene que resignificar el concepto de democracia a la luz de los cambios que experimentan los sistemas de gobierno y las reconfiguraciones que hace la sociedad de cada uno de ellos.

Una democracia sin pluralismo estará condenada a convertirse en un sistema de gobierno deslegitimado. Precisamente, Costa Rica ha venido actuando con enorme virulencia para cerrar los espacios de participación y para criminalizar la protesta social. Este aspecto representa evidentes peligros para la salud democrática y para la representación social. El pluralismo está conformado por las múltiples visiones que coexisten en una sociedad y además, se hace tangible en la capacidad que tengan los partidos políticos, las instituciones estatales y el gobierno de turno para construir espacios de diálogo transparentes y representativos en los cuales haya posibilidad de valorar el pluri y multiculturalismo social. Hay que tener claridad en que los movimientos sociales no los deslegitima únicamente el gobierno, sus instituciones o los cuerpos represivos del Estado; es la misma sociedad en su conjunto, quien determina la validez de su representación.

El cerrar los espacios de representación social, como se ha pretendido en los últimos años, trae enormes desventajas para la sociedad y crea mayores desigualdades por el acceso mismo a los mecanismos de representación. El país debe valorar que la deslegitimación de sus instituciones (Poderes del Estado) está vinculada con la resistencia que han generado a la participación ciudadana y a la creación de espacios y mecanismos para la expresión genuina de la sociedad. Elegir a conveniencia propia a quienes participan y obstaculizar la expresión a los movimientos sociales no afines con nuestra visión de sociedad, crea tensiones que amenazan la democracia.

A contraluz, Costa Rica debe replantearse los mecanismos de representación social si desea preservar la mayor conquista en su bicentenario: la madurez y solidez de su democracia.





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