Vladimir de la Cruz

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Miércoles 18 Junio, 2014

Estoy de acuerdo en que se impulse el Benemeritazgo de las Letras Patrias para don Beto


Pizarrón

Beto Cañas

Alberto Cañas Escalante, don Beto, o simplemente Beto, sin el Escalante, que poco usaba, como se le podía llamar sin grandes aspavientos por quienes le conocíamos de cerca o a la distancia, con confianza o con apenas conocerlo, con el respeto de sus años o con la profundidad, convicción, apasionamiento e irreverencia de sus juicios, comentarios y opiniones, sin lugar a dudas es, y será por mucho tiempo, un referente obligado de la cultura nacional y de la vida política costarricense.
Fue para muchos como el espejo del cuento de Blanca Nieves, donde inevitablemente tenían que verse o medirse con sus opiniones, gustaran o no, y para otros seguirá siendo ese espejo en su conciencia y en memoria.
No solo era anecdotista, en sí mismo era una anécdota patria, era un suceso curioso o notable. Era un coleccionista de anécdotas propias y ajenas, con raíces en casi un centenar de años que vivió intensamente desde que empezó a leer a los tres.
Como referente de la cultura nacional pertenece al conglomerado humano que habitamos este país, sin que haya sitio del mismo donde pueda ignorarse su presencia por lo que su vida abarcó en diversas facetas de su expresión, que supo plasmar en su narrativa, cuentos, novelas, ensayos y obras de teatro, en su paso institucional, en la determinación que tuvo para marcar y destacar hitos y valores del quehacer científico, cultural y literario del país, en sus críticas y escritos periodísticos.
Como referente de la política costarricense desde joven militó activamente en las luchas políticas y electorales, desde los años cuarenta en la Revista Surco, donde dio sus primeros pasos de polemista, escritor, narrador, periodista, junto a sus contemporáneos Eugenio Rodríguez, Jorge Rossi, Roberto y Gerardo Fernández, Gabriel Dengo, Fabián Dobles, Carlos Manuel Gutiérrez, Rodrigo Madrigal Nieto, Eloy Morúa Carrillo, Daniel Oduber, y con sus maestros políticos y líderes culturales que influyeron en su formación, Isaac Felipe Azofeifa, Rodrigo Facio, Carlos Monge Alfaro, entre otros.
La Guerra Civil del 48 lo llevó a la Junta de Gobierno, lo catapultó en la diplomacia enviándolo a la ONU, lo incrustó en la vida política posterior, cofundador del PLN, diputado y ministro de ese partido, casi fundador del PAC, una de sus figuras más emblemáticas. Figuerista hasta la médula y hasta José María.
La política le metió en el periodismo radial y escrito, de modo activo, militante, combativo, que era su pasión cotidiana, en varios periódicos, incluida LA REPÚBLICA, su primer director, donde mantuvo estos últimos años su columna Chisporroteos.
Escribió apasionada y envenenadamente sobre la década del 40, tema y posición recurrente en sus comentarios, porque había sido activista y militante de sucesos que le daban la fuerza para escribir con esa pasión desbordada. Era una de las últimas voces activas de estos sucesos.
Vivió intensamente y decidió morir saboreando el triunfo del PAC sobre el PLN y la Presidencia de Luis Guillermo Solís.
Me tocó compartir con él en la Asociación de Autores, en la Junta Directiva de la Editorial Costa Rica, en la vida académica universitaria, y en las páginas de LA REPÚBLICA.
Me invitó a un programa de Tertulia radial que tuvo, le invité a escribir en la Historia General de Costa Rica que dirigí y prologó en su III Tomo.
Estoy de acuerdo en que se impulse el Benemeritazgo de las Letras Patrias para don Beto.

Vladimir de la Cruz