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Cuatro carreteras son las más sucias del país
Basura vial cuesta $700 mil al año
Desechos causan serios daños ambientales
“La basura al basurero” es un viejo refrán, que muchos conductores y vecinos de las principales carreteras de la Gran Area Metropolitana incumplen.
Por eso, los demás estamos pagando desde este año el equivalente a unos $700 mil, para que se recolecten cuatro veces al año los desechos en varias carreteras del Area Metropolitana.
Esta contaminación daña el ambiente, no solo en lo que al suelo se refiere, sino también a los cauces de los ríos.
Otro problema tiene que ver con el impacto negativo en el turismo, sobre todo con la expectativa de que el país cumpla la meta de ser carbono neutral.
Mientras tanto, no existe ningún plan efectivo de sancionar a la gente que contamine esas vías, o de educar al público acerca de esta mala costumbre.
En cuanto a los desechos, a partir de enero pasado, el Consejo Nacional de Vialidad sacó a licitación un concurso para que empresas privadas, entre ellas Asecan, limpien las orillas de unos 200 kilómetros de carreteras en 22 zonas, con un costo anual cercano a $700 mil.
De ese monto, aproximadamente $250 mil se consumen en la recolección de unas 200 toneladas de basura, tirada en tan solo 40 kilómetros de las principales vías urbanas, de las cuales la más sucia es Circunvalación Sur.
Luego se encuentran la Ruta 32, entre LA REPUBLICA y el Estadio Ricardo Saprissa; la Florencio del Castillo, entre Curridabat y Cartago, y por último la General Cañas, entre La Sabana y el aeropuerto Juan Santamaría.
Hace dos semanas, una cuadrilla de trabajadores de embellecimiento vial realizó la corta de maleza y recolección de basura en la Ruta 32.
En ese momento lograron recoger en menos de cinco kilómetros más de 35 toneladas de basura, sumadas la tradicional y no tradicional.
Ante la enorme cantidad de basura en esta ruta, los trabajos de limpieza de una semana le costaron al país $8 mil.
“La cantidad de basura no tradicional en las principales carreteras es enorme y se ha vuelto un problema incontrolable”, asegura Eugenia López, directora de Embellecimiento Vial de Asecan.
Aun así, el presupuesto solo permite hacer la limpieza cuatro veces al año en estas zonas, de modo que el resto del tiempo la basura sigue formando parte del panorama en las carreteras, causando serios daños ambientales en el suelo y los ríos.
Parte del problema tiene que ver con el impacto de los desechos orgánicos, que al podrirse emiten metano, uno de los principales gases de efecto invernadero, incluso más potente que el dióxido de carbono.
“Si no se corrige esto, la meta de ser país carbono neutral será difícil de alcanzar”, dijo Carolina Rodríguez, ambientalista de la fundación Costa Rica Neutral.
Por su parte, los residuos orgánicos que destila la basura (lixiviados) atraen roedores e insectos, importantes focos de infecciones en humanos.
Los mismos lixiviados y otros contaminantes líquidos, con la lluvia pasan de las alcantarillas hacia los ríos, y al final desembocan en el Océano Pacífico.
Todos esos desechos envenenan las aguas por las cuales pasan, destruyendo diversas especies de flora y fauna.
Además, los desechos que se colocan en esas calles afectan negativamente la economía de forma indirecta, al desincentivar el turismo.
Luego de ser un país sin ingredientes artificiales, aparecemos como un pueblo cuyo mundo es su basurero.
Lo anterior implica una enorme afectación en cuanto a la promoción del país verde como principal bandera de la industria del turismo nacional.
Existe la necesidad de un cambio en la cultura del costarricense en cuanto al manejo de los desechos que produce, el Estado debe ver el problema como algo urgente, dijo Mauricio Céspedes, director ejecutivo de la Cámara Nacional de Turismo.
“Recordemos que Costa Rica se promociona como destino verde. Eso significa que el programa debe verse en todas las esquinas del país. De ahí que el tema de la basura en nuestras carreteras genere un impacto negativo en la imagen país ante quienes nos visitan”, comentó Mauricio Céspedes.
De ahí que la meta para 2021, para la celebración del bicentenario de la independencia nacional, de ser Costa Rica el primer país carbono neutro está en peligro.
Otro de los efectos de la basura en las carreteras, es el daño a la infraestructura vial y propiamente en el alcantarillado pluvial.
En tanto el problema de la contaminación vial sigue creciendo, el país no hace lo suficiente para paliarlo.
Por un lado, en 2010 los oficiales de tránsito generaron unos $120 mil por multas a más de mil personas, que depositaron basura en la vía pública.
Además, el Estado ha desarrollado varias campañas, que llaman al ornato en las carreteras.
Sin embargo, ni las sanciones ni las campañas han logrado mitigar el problema.
En una resolución de 2006, la Sala Constitucional, indicó que las labores de limpieza en las carreteras, incluso en las rutas nacionales, son competencia municipal.
Empero, a la fecha pocos municipios se ajustan a este mandato.
En una seria de entrevistas, LA REPUBLICA comprobó que estas instituciones ni siquiera estén conscientes de está realidad e incluso niegan su competencia.
Ese mismo año, la Sala sentó un precedente legal sobre el tema, al condenar a la Municipalidad de Goicoechea —quien tiene la administración de la ruta 32— por incumplimiento de este servicio. Aun así la actual administración de ese municipio desconoce la sentencia.

En cuanto a la Unión Nacional de Gobiernos Locales, desde 2006 destacó la necesidad de establecer un convenio entre los ayuntamientos y el Ministerio de Obras Públicas y Transportes para la optimización de este servicio; sin embargo, el acuerdo interinstitucional todavía no existe.
Mientras las instituciones del gobierno se pasan la pelota, el problema de la basura en las carreteras prevalece y se ha vuelto tan común que hoy las vías son botaderos a cielo abierto.
 
Cristian Leandro
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