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Basta ya de violencia delictiva


Los costarricenses, que han perdido la paz por el grado de violencia delictiva que se adueñó del país en los últimos tiempos, parecen haber llegado al límite de capacidad de soportar esta presión.
El grado de inseguridad en las calles de San José, para nombrar solo uno de los lugares del país considerados como menos seguros, mantiene ya a las personas sin querer salir de sus hogares y presas del temor y el estrés cuando deben hacerlo.
Es un deber de los tres poderes de la República iniciar de inmediato las acciones que sean necesarias para detener la ola creciente de violencia delictiva en Costa Rica.
Ya que en el país no se tomaron las medidas preventivas a tiempo para que la situación no llegara a lo que es hoy, ahora serán necesarias fuertes medidas represivas además de la implementación de todas aquellas otras destinadas a prevenir que más personas enrumben sus vidas por la senda de la delincuencia.
Esto es algo que no puede esperar y deben destinarse los recursos humanos y materiales necesarios para devolverle la paz a la ciudadanía. Una paz que no debería estar suplicando porque a ella tiene derecho.
No puede permitirse la tolerancia cuando la vida y la tranquilidad le es robada continuamente a las personas.
Este, el país de la paz en otra época ¿cuál mensaje le está enviando al mundo en este momento? ¿El de tener sometidos a sus habitantes a la inseguridad? ¿El de estar padeciendo un mayor temor cada día mientras pide ayuda a las autoridades sin obtener respuesta alguna puesto que los delincuentes siguen en las calles atacando a toda hora?
Esta Costa Rica, en donde las personas son agredidas violentamente en las calles y en sus casas o vehículos para arrancarles sus bienes y algunas veces hasta su vida, no la quiere nadie. Todos los estratos sociales están igualmente amenazados y es ya una verdadera urgencia nacional que amerita que se tomen las acciones inmediatas por las cuales claman los costarricenses.
De la misma manera en que debería haber un acuerdo, una gran concertación en el país para enfrentar del mejor modo la crisis económica, así también debe haber una total unidad nacional en torno a la voluntad de ejecutar sin demora y con acierto las medidas indispensables para parar la delincuencia y el crimen organizado.

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