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Barcelona atropelló al Real
¿A qué sabe el césped del Camp Nou?, que se lo pregunten a Mourinho
Anunciaron un partido y programaron un baile; a Cristiano Ronaldo le tocó bailar con la más fea; a Iker lo sacaron de sus Casillas y nadie quiso sacar a Mourinho.
Barcelona dio ayer una exhibición de fútbol con baile incluido ante un Real Madrid, que tras dos goles tempraneros, terminó perdiendo 5-0, ya que no pudo y no supo sacar su carácter de equipo grande, y al final lo que sí sacó fue el hacha, para despedirse tristemente del Camp Nou más con patadas que con fútbol.
La lección fue simple. Mourinho vivió ayer lo que le hubiese pasado muchos meses atrás si en aquel partido con el Inter hubiese llegado a jugar fútbol al Camp Nou; solo que el Madrid es un equipo hecho para ganar, y la receta de aquel productivo adefesio que puso a los italianos en la final de la Liga de Campeones, era irrepetible.
La muestra de autoridad de los catalanes sobre el Madrid fue incontestable. Un equipo en la cancha que hizo el 90% de las cosas bien, y otro que hizo el 90% mal. El Real no fue para nada el equipo grande que todos conocemos.
El primero en asustar fue Messi, y luego, sin necesidad de que a la tercera fuera la vencida, en la segunda Iniesta encontró a Xavi, con colaboración de Marcelo que no pudo despejar, y le dibujó el sombrerito a Iker anunciando el inicio de la fiesta.
Aquello fue al minuto 10 y ocho más tarde Villa desbordó a Ramos, centró, Casillas no pudo, Marcelo menos y Pedro encontró abiertas las puertas del Madrid, de par en par, y les hizo el segundo.
Después de ese gol, el Madrid ya no intentó responder con fútbol, sino con el hígado; Cristiano empujó a Pep Guardiola y se echó al Camp Nou encima; ya Mourinho no era el más odiado, sino Ronaldo.
Para el complemento se esperaba un renacer del Real; después de todo, dicen por ahí, el 2-0 es el marcador más engañoso; sin embargo, el panorama no cambió, al Madrid le faltaban peones que le arrebataran el balón al Barça, que paseaba y paseaba la pelota por todo el campo, un taquito por acá, otro lujo por allá y cuando el baile mareaba, la pelota profunda para sorprender, y por ahí vinieron los otros tres goles.
El tercero y el cuarto surgieron del geniecillo argentino. Sin necesidad de abogados ni notarios, Messi montó una sociedad con Villa, que puso la goleada en el paladar de un estadio que vibraba ante el espectáculo soñado.
Eran 4-0, pero los barcelonistas, insaciables, pedían más. El circo estaba montado; en la cancha, el Madrid había sacado la banderita blanca desde hacía rato; pegaban, empujaban, maldecían y la impotencia se les salía por los poros. El reloj era el principal enemigo del Real y de Mourinho, porque los blancos solo querían una cosa: ¡Que finalizara la pesadilla!
El quinto fue celebrado como si fuese el primero. Gol de Jeffren tras centro de Bojan; locura en el Camp Nou y Sergio Ramos que quiso descargar a golpes su frustración y se fue al camerino a pocos segundos del silbato final.
¿Quién manda en España?, ¿quién domina el clásico, desde hace cinco versiones?; la respuesta es Barcelona, por ahora, el mejor.

Consulta: transmisión de TDN y EFE
Luis Rojas
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