Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

Enviar
Jueves 26 Noviembre, 2015

El relevo en la cabeza del BCCR en nada varió el orden del tablero y los nombres en liza para llenar vacantes en su directorio se identificaron con la misma escuela

De cal y de arena

Banco Central, inflación y desempleo

El Partido Acción Ciudadana y su candidato presidencial Luis Guillermo Solís perdieron el sueño ante los niveles alcanzados por la pobreza extrema (6%) y el desempleo (20%), comprometiéndose a arremeter contra ambos promotores del desajuste social.
En campaña fue explícito su repudio al modelo de desarrollo implantado a lo largo de los últimos 30 años, origen —dijeron uno y otro— de una mayor concentración de riqueza, más pobreza y crecimiento desigual, aunque con un legado positivo en producción exportable aportado por unas pocas decenas de unidades productivas.


En este contexto, el “Plan Rescate” del PAC y su candidato se comprometen a “revisar el tipo de cambio para que responda al comportamiento real del mercado y garantice adecuados niveles de competitividad” así como a “disminuir el margen de intermediación financiera con el propósito de reducir las tasas de interés”.
Evidentemente, esto era cuestionar a fondo las orientaciones de un Banco Central por años en manos del pensamiento neoliberal.
Así lo demandaban prominentes figuras del partido y otros reconocidos economistas creyentes de que desde el instituto emisor deben patrocinarse medidas idóneas para crear empleo.
Al triunfar Luis G. Solís se encendió la luz de la esperanza en un cambio en el mundo de la gestión de gobierno, también en el Banco Central. No se necesitó mucho tiempo, sin embargo, para que la luz se apagara y la esperanza del cambio se desvaneciera.
El relevo en la cabeza del BCCR en nada varió el orden del tablero y los nombres en liza para llenar vacantes en su directorio se identificaron con la misma escuela que ha hecho de la institución lo que el economista Juan Manuel Villasuso llamó la “República Independiente del Banco Central”.
Como lo dijo años atrás otro economista, el hoy diputado Henry Mora, es muy importante preservar la independencia del Banco Central respecto a los otros poderes públicos así como ante los poderosos intereses privados.
Afincados en él —añado yo— han hecho de la defensa a ultranza de la autonomía un escudo defensor ante la proximidad de corrientes heterodoxas que abogan porque el Central no pueda desentenderse de que sus competencias van por la estabilidad de la moneda y el control de la inflación del mismo modo que por el desempleo.
Sigo con atención los argumentos de los economistas, en particular las advertencias de quienes remarcan los riesgos que se ciernen cuando la pobreza extrema y el desempleo alcanzan las altas cotas en las que se sitúan desde hace rato, casi que con las características de un azote que no da para el regocijo y cuyo abatimiento no se hará realidad mientras la economía crezca abajo del 3%, aunque la inflación esté en cero.
Vuelvo a recordar a Villasuso: “La inflación es mala, el desempleo es peor”.

Álvaro Madrigal