Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 24 Abril, 2014

El esquema de las zonas francas quizá se está agotando. ¿Será tiempo de abrirnos a las zonas económicas especiales que irrumpen en otras latitudes bajo otros conceptos?


De cal y de arena

Atrás de Intel ¿qué viene?

Intel cierra su planta de manufactura de microprocesadores y el Bank of America cierra su oficina de servicios. Dos hechos muy importantes de efectos negativos en una diversidad de rubros sociales, económicos y financieros.
Estallan al mismo tiempo y en el crucial momento en que el país va a reemplazar al Presidente de la República y a dar paso a un equipo de gobierno que presagia cambios sobre el modelo o estilo de desarrollo adoptado y sumido, además, en controversias por ciertos resultados.
Aunque se evidencia que la emigración de esas compañías responde a motivos endógenos en Intel y en B.A., siempre habrá campo para especular sobre si las autoridades costarricenses no hicieron todo el esfuerzo necesario para restituir la amigable atmósfera perseguida por estas empresas y neutralizar sus esfuerzos centrífugos.
Al menos el expresidente Figueres Olsen ha lanzado sus dardos porque el país no ha cumplido la tarea en todas las dimensiones que exige la atracción de inversiones y demanda acciones precautorias.
¿Es que puede haber más emigración de empresas acogidas a los incentivos con que se acompañan las zonas francas, en particular en el segmento de los clusters proveedores de bienes y servicios?
¿Tiene Costa Rica capacidad para abrir más el abanico de incentivos para competir con ese mundo asiático que subasta su mano de obra, su régimen tributario y su autonomía de voluntad con tal de proveer hospitalidad a las poderosas corporaciones transnacionales que sujetan sus inversiones a implacables exigencias de rendimientos financieros?
Hace rato el Programa del Estado de la Nación viene llamando la atención sobre el balance de resultados del “estilo de desarrollo” escogido, en el que se ha enfatizado la inserción internacional al amparo de robustas políticas públicas que lo auspician pero sin los patrocinios eficaces para estimular los sectores de la economía tradicional y los servicios de apoyo.
Se evidencia a partir de 2011 el agotamiento de las políticas de promoción de exportaciones basadas en exoneraciones y subsidios como estrategia general para el desarrollo. Entonces, ¿qué otro acicate puede ofrecer el país en prevención de una estampida o para conservar su capacidad seductora ante una inversión extranjera que también recibe los flirteos de otros mundos?
¿Están limitadas las opciones para un gobierno que debe sanear las gangrenadas finanzas públicas, reconsiderar los ingresos y ajustar los escudos fiscales?
Nos preciamos de estabilidad política, de un sólido escudo jurídico y de una ventajosa seguridad ciudadana en contraste con las flaquezas de la infraestructura y la espesa tramitomanía. Pero en el comportamiento que hoy registra la IED estos valores pesan menos que los grandes rubros determinantes de los costos y rendimientos.
El esquema de las zonas francas quizá se está agotando. ¿Será tiempo de abrirnos a las zonas económicas especiales que irrumpen en otras latitudes bajo otros conceptos?

Álvaro Madrigal