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Arranque reservado

Luis Rojas
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En un partido que no se prestó para el entusiasmo, la afición nacional empezó a sufrir en la eliminatoria, y si bien al final la tricolor sacó la victoria, y eso siempre produce alegría, quedó claro que falta mucho para la fiesta.
Sí, porque esa fiesta que implica la eliminatoria, que mete siempre a la afición desde las gradas y que llena de entusiasmo o coraje al tico, se vivió poco ayer en el Saprissa, tras un partido si acaso regular que los ticos sufrieron más de lo que disfrutaron.
Una hora antes del juego mucho movimiento inundaba los alrededores del Ricardo Saprissa. Un grupo de diez salvadoreños se atrevía a ondear sus banderas y corear a su equipo muy cerca de la entrada sin que nadie se metiera con ellos.
Muy cerca de ahí, la cimarrona de San Pedro de Barva an
imaba el toldo de Coca Cola y el jefe de Migración, Francisco Castaing, se mostraba satisfecho porque en los operativos que se realizaron, dijo, no tuvieron que devolver a ningún cuscatleco.
“Nos dijeron que el juego había sido clasificado de alto riesgo por la FIFA y que podríamos recibir visitantes de perfil criminal, por ello pusimos filtros en la frontera y el aeropuerto; sin embargo, al final no hubo problemas; entraron 1.164 salvadoreños por Peñas Blancas y 350 por el aeropuerto”.
En la hora previa al juego los salvadoreños metieron bulla en el estadio; quizá la mayor sorpresa se dio cuando salieron los equipos y se vio que Froylan iba a la banca y Alpízar a la cancha.
El partido arrancó sin muchas emociones en los marcos; las acciones se recargaron en el mediocampo; eso dificultó que la gente se metiera más en el juego, porque hipnotizaba hacia el aburrimiento.
Dos paradones del arquero cuscatleco Miguel Angel Montes fueron los casi casi de esta primera mitad, cuya mayor alegría fue la parada del penal de Ricardo González a Eliseo Quintanilla y que, por cierto, un minuto después casi lo sorprenden cuando tras muchas felicitaciones los cuscatlecos cobraron el saque de esquina, remate y Walter Centeno parado en el primer palo salvó milagrosamente la acción.
En la complementaria el alegrón vino con el penal que anotó Saborío y luego de nuevo el partido ofreció poco. Preocupación por la expulsión tonta de Alvaro Saborío y por último “Paté”, que quiso poner sabor al final, pero los tubos salvadoreños se lo impidieron.
Terminó el partido, todos para su casa, sin problemas ni violencia, pero como siempre, fue más la expectativa que el juego.
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