Claudio Alpízar

Claudio Alpízar

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Jueves 10 Marzo, 2016

 Figueres y Arias tienen cosas positivas que podrían exhibir en una campaña electoral, pero de igual forma en su carrera han cosechado hándicaps políticos que hoy les persiguen

Arias vs. Figueres, entre pergaminos y pecados

Con frecuencia me consultan sobre una posible convención entre José María Figueres y Óscar Arias, semanas atrás lo definí como un choque de “trenes” muy difícil de producirse.
Figueres está decidido a ser precandidato y buscar el 2018. El día que se propuso para presidir al PLN mostró sus intenciones y asumió con decisión su primer riesgo: perder a pesar del peso político de su apellido y de haber sido Presidente, ante un rival menos icónico, su apuesta fue alta. Ganó y sacó al PLN de las frustraciones de las elecciones 2014.


Figueres no arriesga en una convención contra Arias, todo lo contrario, requiere un triunfo de esa magnitud para revaluar sus “acciones”, a la baja luego de su asesoría a Alcatel. Perdiendo una convención nada pierde. Su decisión no está limitada por la modificación del reglamento del PLN, que le permitiría poder continuar presidiéndolo y luego postularse.
Arias no está decidido a participar en las Elecciones 2018, pero le tientan. No lo veo enfrentado en una convención, no lo hizo para 2006. ¿Por qué lo haría hoy cuando tendría más riesgos? Dice estudiar y madurar la posibilidad, sabedor que de perder pone en juego sus “acciones” políticas. Sus pergaminos internacionales no pueden compartir vitrinas con una derrota en la convención o en la nacional, la que algunos sueñan con saborear, al punto de anteponerla a su exitosa historia.
Todas las elecciones son diferentes aun siendo los mismos candidatos. Para Figueres y Arias el escenario 2018 será muy diferente al de 1994 o 2006. Para 1994, todavía en tiempos del bipartidismo, el PLN quería llevar al hijo de su icónico fundador a la presidencia de la República, para así empatar con Calderón Guardia y su hijo, ambos presidentes. Tampoco existían las dudas que hoy carga José María.
Para Arias tampoco será lo mismo, en 2006 llegó como el salvador nacional y del PLN, acompañado del alto reconocimiento por su buena gestión en 1986-1990, con un Premio Nobel que le ponía sobre el bien y el mal del patio de la política costarricense, y con un renombre internacional que hoy pareciera —injustamente— más respetado en el exterior que en nuestro país. Aun con estos atestados ganó por la mínima, poco más de 18 mil votos. Hoy los anti Arias tienen facturas más suculentas que querrán potenciar en detrimento del Nobel.
Figueres y Arias tienen cosas positivas que podrían exhibir en una campaña electoral, pero de igual forma en su carrera han cosechado hándicaps políticos que hoy les persiguen. El mayor reto de ambos y del PLN es enfrentar una elección con nuevos liderazgos, sin apego a las mismas compañías del pasado, renovar, de lo contrario la derrota se dará por “default” para cualquiera de los dos en la contienda nacional.
A ambos les es urgente remozar las filas estructurales y con ello intentar refrescar la percepción ciudadana. En lo visual ninguno de los dos representa renovación. Así las cosas, no solamente deben actualizar sus ideas y discurso —con ventaja Figueres— sino que sus acciones deben tener alta cuota de percepción de honestidad —con ventaja Arias— más para una población electoral con un 50% de votantes entre 18 a 39 años, a los que poco les importan los pergaminos y los pecados del pasado, son nuevas gentes que gustan más de los sueños del futuro que de las historias pasadas.
¿De ellos saldrá el candidato? A lo mejor no, es pronto aún.

Claudio Alpízar Otoya