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Arcaico periodo fiscal

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Estar acostumbrados a hacer las cosas de la misma forma, muchas veces provoca que no nos cuestionemos la razonabilidad de por qué se hacen así. Este es el caso de nuestro atípico periodo fiscal, el cual inicia los primeros de cada octubre y finaliza los 30 de setiembre, cuando en la mayoría de los países del mundo, dicho periodo coincide con el año natural o calendario, es decir, desde el 1° de enero hasta el 31 de diciembre.
La justificación fue válida en su momento, pero dejó de serlo hace varias décadas, ya que estaba relacionado con el ciclo productivo del café. Si bien la actividad cafetalera histórica y culturalmente sigue teniendo un fuerte arraigo en Costa Rica, no parece lógico que con la importante transformación económica que ha sufrido el país, la principal obligación tributaria de los contribuyentes siga atada a dicho ciclo productivo.
Aunque proponer un cambio de esta naturaleza puede parecer casi de carácter “cosmético”, no lo es tanto. Mientras que a los empleados y asalariados las épocas navideñas pasan por ser un periodo de relajación (obviamente con excepciones como el sector hotelero) y en la que se disfruta del aguinaldo, para la mayoría de empresas normalmente es todo lo contrario, puesto que diciembre es un mes de mucha presión para el flujo de caja, al acumular no solo los pagos de aguinaldos, sino también el pago del impuesto sobre la renta, sin considerar los gastos adicionales de fiestas de empresa, regalos a proveedores y un largo etcétera. Incluso si la industria presenta un fuerte dinamismo de ventas en esos días, el aumento de ventas compite con las tareas de preparación de declaraciones de impuestos e informativas.
En el caso de profesionales liberales, puede ser incluso un elemento disuasorio para cumplir de la forma más correcta con sus obligaciones tributarias, al competir con el resto de gastos que se acumulan en esas fechas.
Y por qué no, psicológicamente es mucho más sencillo y entendible un año fiscal que case con el año calendario en vez de considerar tres meses del año anterior y nueve del siguiente. Es precisamente por todas estas razones que el estándar mundial es la coincidencia entre el año fiscal y el calendario.
¡El cambio podría ser un bonito regalo de Navidad del Ministerio de Hacienda!

Rafael Luna
Abogado tributarista
[email protected]

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