Juan Carlos Barahona

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Jueves 14 Agosto, 2008

Aprendiendo en línea

Juan Carlos Barahona

Aunque algunos estudios muestran que con solo llenar de computadoras las escuelas se logra muy poco en educación, esa no debería ser razón para que no nos atrevamos a dar el salto y tener como meta que cada niño tenga una computadora con acceso a Internet. Crear ese ambiente es crear la infraestructura necesaria y las condiciones para que se produzca el fenómeno de la adopción paulatina de software que permite el aprendizaje personalizado en línea.
En muchas instituciones de educación y especialmente en las privadas, las computadoras facilitan a estudiantes y docentes el procesamiento de texto, la elaboración de presentaciones y la búsqueda en Internet de materiales que apoyan su trabajo. El trabajo que se realiza con apoyo de estos medios no difiere mucho del proceso educativo en el que todos nosotros participamos. No quiero hacer una crítica a este uso, pues es simplemente una etapa de transición hacia una verdadera revolución educativa que deberemos presenciar en una década más o menos, si hacemos bien las cosas desde ahora.
Muchos tuvimos la suerte de tener un estilo de aprendizaje y una red de apoyo que nos permitió sobrevivir dentro de un sistema educativo diseñado por razones históricas para ciertos tipos de aprendizaje pero no para todos. Por las mismas razones que nosotros, nuestros hijos posiblemente lo lograrán pero si no cambian las cosas, poco menos de la mitad de su cohorte no lo logrará: abandonarán el sistema educativo formal antes de adquirir los conocimientos y habilidades necesarias para gozar de los niveles de productividad y bienestar que ofrece la economía del conocimiento.
ara que todos aprendamos según nuestro propio estilo y a nuestro propio ritmo necesitaríamos un tutor personal especializado. Este papel lo va a cumplir un software que aún no existe pero está en proceso de desarrollo. Distintas formas precursoras ya están en uso en algunos lugares del mundo. La industria nacional inclusive está incursionando en este mercado.
El secreto del éxito estará en la estrategia de distribución que escojamos para esas soluciones.
Por más bueno que sea el software es muy difícil y nada deseable que una máquina nos pueda dar lo que nos da un docente de carne y hueso. Es un error poner las máquinas a competir con los maestros. La máquina siempre va a perder.... y así debe ser. No me imagino una escuela sin maestros o directora.
Lo que debemos hacer es ir adoptando las opciones existentes, pero siguiendo la estrategia que siguen las compañías que tienen una tecnología disruptiva. Buscan atender mercados donde no hay ningún competidor. Donde legítimamente podamos decir “pior es nada”. Si no hay maestro de inglés, puede haber un software. Si no hay tiempo para dar lecciones de remediación en matemáticas, puede buscarse una solución en línea. De esta manera estaremos participando y aprendiendo de una revolución que ya está en marcha y que permitirá que los maestros brinden una atención más personalizada y que los estudiantes aprendan en línea, en plataformas colaborativas, desde su máquina, a su ritmo y con su propio estilo.