Tomas Nassar

Tomas Nassar

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Jueves 11 Septiembre, 2014

Costa Rica tiene una deuda histórica con un Limón que ha condenado al abandono. Es hora que el gobierno asuma esa responsabilidad negada por décadas


Vericuetos

Apagar el sol con un gotero

Hace pocos días, más de 200 inversionistas extranjeros y nacionales se dieron cita en Limón, en un evento de atracción de inversiones organizado por varias empresas del sector productivo interesadas en sacar a la ciudad y la provincia de la postración a la que ha estado condenada por años.
Importante y esperanzadora fue también la participación del señor Presidente de la República y varios de sus ministros que, con su presencia, dieron un espaldarazo a quienes ven en Limón una zona de múltiples fortalezas y oportunidades que es capaz de salir de la pobreza y sus persistentes problemas.


Plausible hubiera sido la participación activa de los sindicalistas haciendo propuestas de cómo devolver la esperanza a los limonenses.
La parodia del no y de la defensa a ultranza de las granjerías cedió una vez más ante la opinión pública frente a lo que es una verdad de Perogrullo: Limón puede labrarse un mejor futuro generando y distribuyendo riqueza para todos.
Pocos días antes del evento tuve la ocasión de revisar las cifras de los distintos indicadores sociales y económicos de la región, del INEC y de grupos privados de investigación de mercados. La verdad, quedé sorprendido al constatar la capacidad que tiene esa zona del país de ser atractiva para quienes están dispuestos a invertir sus recursos en generar empleo y riqueza.
No hay, por supuesto, ninguna opción de que el despegue económico se produzca sin inversión. La llegada de nuevas empresas es la única posibilidad de crear fuentes de trabajo para los limonenses, de generar y distribuir salarios que dinamicen la economía.
No hay ninguna como salir del profundo deterioro y la depresión social sin inversión productiva.
Los empleos pondrán recursos en manos de la población, mejorarán su capacidad adquisitiva e incrementarán el consumo.
La inversión atrae inversión. Otra verdad de Perogrullo.
Hoy Limón necesita hoteles, hospitales, nuevas opciones educativas, más y mejores oportunidades comerciales, muchas más industrias y empresas dedicadas a la prestación de servicios. Los jóvenes limonenses necesitan y tienen derecho a trabajos dignos, ingresos decorosos, la posibilidad de un futuro halagüeño y las familias ansían vivir en paz, con seguridad y tener acceso a servicios básicos de calidad.
Costa Rica, toda, tiene una deuda histórica con un Limón que ha condenado al abandono. Es hora que el gobierno de la República asuma esa responsabilidad negada por décadas y ofrezca a los limonenses una vía de progreso. El Presidente debería integrar una comisión bipartita público-privada enfocada ad hoc en encontrar soluciones para devolver lo que se les ha negado a los pobladores del atlántico. CINDE debe ser, por supuesto, un miembro de primera convocatoria en ese grupo.
Los sindicatos que se oponen al desarrollo con argumentos superados por la realidad histórica, tienen que entender que el beneficio de Limón no es moneda de cambio de unos pocos, sino derecho incuestionable de todos los limonenses.
Pretender que los argumentos de los detractores del nuevo puerto sobrepasen las bondades de la generación de riqueza que trae la inversión, es como querer apagar el sol con un gotero.

Tomás Nassar