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Lunes, 12 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


Antítesis de un gobierno abierto

Natalia Díaz [email protected] | Jueves 30 agosto, 2018


Antítesis de un gobierno abierto

Desde hace unos nueve años se ha venido hablando de un nuevo paradigma en la forma de gobernar, conocido como “gobierno abierto” o Estado abierto. El presidente Obama en 2009 comienza a ensayar este concepto sociopolítico que buscaba en sus inicios el libre acceso a la “información pública” por parte de los administrados.

Ya en tiempos más recientes, se establece un verdadero boom alrededor de este término, y en América Latina observamos como la CEPAL y otros organismos han empezado a impulsar y a escribir documentos sobre este nuevo modelo de gestión pública, que cada vez adhiere más simpatizantes y más practicantes a su alrededor.

Es definitivo que la búsqueda de una mayor transparencia para gobernar, y la reducción de los niveles de corrupción, son los motores de este prototipo de gestión pública que poco a poco se fortalece a nivel mundial y de América Latina.

Sustentado en tres pilares básicos que son: la participación ciudadana en interacción Estado y ciudadano, el acceso a las tecnologías de información y comunicación (TIC) y la rendición de cuentas por parte del gobernante, este modelo gerencial todavía se ha quedado corto para lograr una sincronía armoniosa en la administración de la cosa pública.

En nuestro país, sin embargo, hechos recientes nos demuestran que estamos todavía muy alejados de este novedoso modelo, pues el anterior gobierno Solís Rivera, el de la “Casa de Cristal”, ocultó seria información en las finanzas hacendarias que han visto la luz en los últimos 15 días, y que son hechos inéditos y de enorme gravedad para la buena marcha del Estado y la confianza que debe existir entre la ciudadanía y quienes nos administran.

Actualmente desconocemos la magnitud de la deuda externa e interna, no sabemos cuánto debemos en realidad y mucho menos a quiénes le debemos. Poca transparencia y mucho secretismo alrededor de esta temática es lo que ha caracterizado el manejo de las finanzas del Estado costarricense.

En resumen, somos la antítesis de lo que se conoce como “gobierno abierto”, y mejor dicho, “Estado abierto”, término mejor definido por Oscar Oszlak.