Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 10 Diciembre, 2015

El sector lechero sabe que o se pone las pilas en productividad, producción y costos —para lo cual es fundamental acceso al crédito—, o pierde la pelea con efecto ruinoso sobre el empleo

De cal y de arena
Anquilosis bancaria

No hay plata, dijo la lora. Y si la hay, está muy cara, su disposición sometida a complicados requerimientos y reprimida por la madeja que impone el alambicado sistema bancario nacional.
Es el cuadro que en general espera al empresario productor nacional, con sus insólitas excepciones: por ejemplo, el acoso de ofertas fáciles y expeditas para que compre un automóvil.
Para abatir este estorboso y desalentador muro de requerimientos que dista mucho de los propósitos que pregona el gobierno de reoxigenar la producción nacional —singularmente la pequeña y mediana empresa— se estructuró la banca de desarrollo, creada con los cuantiosos tesoros acumulados con el “peaje” que acompañó el tránsito de la banca privada a los depósitos del público.
Preocupado por la productividad y por una mayor producción en mi lechería en estos tiempos en que la estructura de costos crece sin clemencia, me interesé en estos fondos a propósito de un esfuerzo para multiplicar el hato en pequeña pero necesaria cuantía. Para mi sorpresa, estas platas están en las ventanillas bancarias (no de todas las instituciones, pues algunas no se han echado al agua) poco menos que sometidas a los mismos vericuetos burocráticos. En la cooperativa cuyas puertas toqué, no hay recursos de banca de desarrollo y los fondos para ganadería los ofrecen a una tasa algo mayor al 11%.
En uno de los bancos públicos no hay recursos para ganadería dentro de esta nueva modalidad, aunque sí me ofrecieron financiación a tasas entre 12% y 14%, realmente muy caras para una actividad que no opera con rendimientos tan estimulantes.
En otro, el dinero para compra de ganado se tramita en el capítulo de inversiones con un interés final de 9,22% si media garantía hipotecaria o 12,63% si es fiduciaria. El BAC San José (por cierto, muy deficiente su atención telefónica) sí está apuntado con banca de desarrollo y tiene un programa dirigido a los asociados de Dos Pinos a una tasa del 5,05% anual más 1,05%, aunque sujeto a una tramitomanía incompatible con la razón de ser y los propósitos que animan la creación de la banca de desarrollo para pequeña y mediana industria, al grado de exigir hipoteca para una modesta operación de ¢5 millones para compra de ganado.
Tal vez me equivoque, pero no es esta la ruta expedita que se soñó para dar la mano a un sector —el lechero— agobiado por diversas causas y que ha visto en la banca de desarrollo una opción para escalar posiciones y consolidarse en el arsenal de los principales componentes de la economía nacional, muy en particular en lo relativo a generación de empleo.
Cuidado si no resultan los trámites burocráticos y el desaforado proteccionismo de los intereses bancarios, causa de sofoco de esta necesaria iniciativa de gestión bancaria conceptualizada para hacer de ella herramienta de primer orden en la tarea de inyectar dinamismo al aparato productivo nacional por el lado del empresario pequeño y mediano, que no es sino la vía lógica y pertinente para preservar el equilibrio social.
El sector lechero sabe que el desafío está a la vista: o se pone las pilas en punto a productividad, producción y costos —para lo cual es fundamental el acceso al crédito—, o pierde la pelea con efecto ruinoso sobre el empleo.

Álvaro Madrigal