Logo La República

Sábado, 17 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


Angustia y desorientación

Miguel Angel Rodríguez [email protected] | Lunes 18 julio, 2016


DISYUNTIVAS

Angustia y desorientación

El pasado jueves 7 de julio visité el refugio que los frailes franciscanos han establecido en el salón parroquial de la iglesia católica de Los Chiles. Se sostienen con la ayuda generosa de la comunidad de ese pobre cantón fronterizo con Nicaragua. Han dado techo, comida y servicios básicos de higiene a más de 300 personas que por sus puertas han pasado en los últimos dos meses, y a 75 personas —principalmente hombres jóvenes— que allí estaban. Nuevos migrantes africanos siguen llegando.
Angustiados y desorientados encontré a estas personas que transitan por nuestro territorio en una larga, azarosa y peligrosa marcha, huyendo de la violencia y el hambre, y en busca del sueño americano.
Dada la persecución en su contra del ejército nicaragüense, quieren ayuda para conseguir un avión o un helicóptero que los traslade a Honduras. Me dijeron que ellos podrían gestionar dinero para pagar el costo de sus tiquetes.
Fue muy duro explicarles que en su condición migratoria eso no era posible. Sin papeles, sin visa, si se trasportasen a Honduras o a cualquier otro país no se les permitiría desembarcar de la nave, y serían devueltos a nuestro país.
No soy especialista en el tema, pero ante su desconcierto tuve que indicarles que solo veía para ellos dos alternativas.
Primero: aplicar ante nuestro gobierno por un reconocimiento de su situación de refugiados, demostrando las razones por las cuales su vida o integridad corren riesgo en sus patrias; pero —les explique— ese reconocimiento no significa papeles, ni derecho de viajar a otros países. Esa alternativa no me pareció que les interese. Tienen limitaciones de idioma, y sus sueños son otros.
Segundo: seguir su camino como ilegales, enfrentando los riesgos de los “coyotes”, y apoyarse unos a otros para que esos mercenarios del tránsito ilícito de personas no abusen de ellos, para lo cual podrían buscar el apoyo de seres humanos tan generosos como los que encontraron en Los Chiles.
Tampoco nuestro gobierno dispone de muchas alternativas.
No podemos cerrar los ojos a la realidad de que estos migrantes extracontinentales llegan por la frontera de Panamá. Lo mejor es lo que han hecho nuestras autoridades: darles papeles para regularizar su tránsito por nuestro territorio con lo cual —al menos en Costa Rica— se minimiza el daño que les pueden infligir los “coyotes”.
Estoy seguro de que los funcionarios responsables se preguntan si ayudarlos mientras están en nuestro territorio no es atraer a muchos otros. Pero esa ayuda es ínfima comparada con el costo y los riesgos de esta dura y larga aventura, por lo que difícilmente eso estimule el inicio de su caminar hacia EE.UU.
Además, no hay rutas terrestres alternas una vez que de África llegan a Suramérica, y de allí a Panamá.
Tenemos que enfrentar la realidad tal cual es. Tendremos migrantes extracontinentales si Suramérica les deja iniciar el camino.
En estas condiciones no hay más remedio que aflojar la bolsa y ayudarlos. Nuestros sentimientos humanitarios y cristianos no nos permiten otro camino. Ojalá haya muchas comunidades como Los Chiles que generosamente ayuden a los migrantes africanos, pero es indispensable que a esas comunidades el gobierno les de soporte para que puedan mantener sus operaciones, mejorar la infraestructura de higiene, y pagar alimentos y servicios públicos. Cuando los visité, no había recibido ningún apoyo gubernamental ese refugio, que frailes y chilenos ya no pueden cargar solo sobre sus espaldas.

Miguel A. Rodríguez