Arturo Jofré

Arturo Jofré

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Viernes 2 Octubre, 2015

En Latinoamérica, la pobreza sigue siendo una gran herida abierta, la que se infecta con el desempleo, caldo de cultivo para debilitar nuestra estructura social

América Latina: la región más violenta del mundo

Escuchamos y vemos en los noticieros internacionales que distintas regiones del mundo viven un clima de violencia extrema, el cual lejos de atenuarse se multiplica. Cuando leí en el periódico El País de España un largo análisis que plantea que Latinoamérica es la región más violenta del mundo, me quedé atónito.
Latinoamérica es una zona sin guerras, con grandes procesos democráticos, económicos y sociales y decenas de millones de personas han salido de la pobreza. En Asia, África y Europa hay 15 guerras, casi todas ellas muy cruentas y que degradan a la especie humana. Pero en Latinoamérica hay más de 100 mil homicidios por año, cada día hay 300 personas que son víctimas de este tipo de violencia.
En algunos países que constituyen una especie de oasis, como Uruguay, Costa Rica y Chile, el problema es de seguridad pública, pero en otros países, como México, Brasil, Guatemala, Honduras, El Salvador, Venezuela, la situación es grave y con una clara tendencia a agravarse cada vez más.
El Estado en estas sociedades se ha debilitado a tal punto que ha tenido que ceder grandes territorios a la delincuencia.
El autor, Joaquín Villalobos, un exguerrillero salvadoreño, señala a Colombia como ejemplo de que se puede transformar un “Estado fallido” en un ente potente. Colombia entendió que la seguridad es cara, pero sus beneficios se multiplican. En efecto, puso en acción una fuerza pública de casi medio millón de personas, invirtió el 6% de su PIB en seguridad, cobró impuestos especiales, desarrolló campañas cívicas y se focalizó en la seguridad y los derechos de sus habitantes.
Esas políticas claras y contundentes llevaron a Colombia a “bajar dramáticamente todos los delitos, cuadruplicó su PIB, quintuplicó el turismo y recuperó su marca país, que era sinónimo de violencia”.
No hay que ser adivino para concluir que, una vez fortalecido el Estado, se dieron las condiciones para negociar con ventaja ante las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), como ocurrió esta semana en que se firmó la paz, dejando atrás una estela de más de medio siglo de sufrimiento y muerte.
“La actual situación de seguridad de Latinoamérica es la crisis de una ciudadanía inhibida por un Estado débil, un Estado ausente o un Estado cooptado por criminales”, señala Villalobos, ahora un consultor para la resolución de conflictos internacionales.
Agrega que los tumores sociales no son superficiales, lo prueba el hecho de que en México y El Salvador la casi totalidad de los cabecillas están presos… y la violencia continúa.
Sabemos que a pesar de los avances en Latinoamérica, la pobreza sigue siendo una gran herida abierta, la que se infecta con el desempleo, caldo de cultivo para debilitar nuestra estructura social.
Es difícil aceptar que seamos la región más violenta del mundo, sin guerras, sin guerrillas, sin luchas religiosas, casi sin dictaduras. No podemos quedarnos indiferentes.

Arturo Jofré
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