Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 28 Mayo, 2015

Este entrevero en que hemos caído: alto desempleo y baja inflación. Casi que como mezclar agua y aceite

De cal y de arena

Alto desempleo y baja inflación

Los altos niveles a que han llegado el desempleo y el subempleo tocan las alarmas ya no solo de los estamentos protagónicos de la economía nacional, también de los teóricos que comentan sobre políticas idóneas para encarar este problema que podría desatar un serio desajuste social. No es para menos el que los índices del Instituto de Estadísticas y Censos acusen un desempleo del 10% de la población en edad de trabajar y del 14% en el segmento del subempleo, lo que adquiere especiales repercusiones —además— por causa del anémico crecimiento de la economía. El Índice Mensual de Actividad Económica apunta un crecimiento cercano al 3% para los primeros tramos de 2015, el más bajo de los últimos dos años marcados por una pérdida de fuelle del aparato económico, lo que a ojos del expresidente del Banco Central, Dr. Eduardo Lizano, se torna en dificultoso obstáculo a la hora de buscarle salida al desempleo.
Salta al templete la cuestión de la sobrevaloración del colón —un 30%—, lo que afecta la competitividad de las empresas nacionales en el mercado exterior, tras lo cual se da otro hecho incidente: el aumento desmedido de la deuda externa (de $8.444 millones en marzo de 2007 a $19.215 millones en marzo de 2014).


Ha dicho el economista Álvaro Trejos que ello solo aumentó en $3.000 millones las reservas monetarias internacionales y que los otros $8.000 millones incidieron en el sobreprecio del colón con daño a nuestra competitividad.
Todo este juego de cifras en un contexto de moderada tasa inflacionaria, entre 4 y 5% para este año pero con una proyección del déficit en el presupuesto nacional cercano al 6% del PIB, cuestión que complica el panorama en punto a solucionar el problema del desempleo y así librarnos del torbellino de una colisión social.
Estamos, pues, con moderada inflación y alto desempleo. Una corriente de pensamiento entre economistas no precisamente asentados hoy en el Banco Central ni en las escuelas liberales advierte que la inflación es mala pero peor es el desempleo.
Se decantan por admitir una más alta tasa inflacionaria y por aumentar el gasto público orientado a la inversión en infraestructura que emplee mano de obra de baja o media calificación y que estimule la demanda agregada.
Otros ven la posibilidad de que el BCCR en estos tiempos de baja inflación multiplique sus reservas sin necesidad de absorber o esterilizar todos los colones que emite para acopiar dólares, lo que le daría una herramienta para encarar el expediente del alto desempleo ciertamente por un curso no convencional que permitiría “manosear” —dice Jorge Guardia— el sistema monetario e incidir en producción y empleo.
Se sabe que en la Academia de Centroamérica siguen atentos esta compleja cuestión en un foro recién abierto a propósito de este entrevero en que hemos caído: alto desempleo y baja inflación. Casi que como mezclar agua y aceite.
Pero qué bueno es debatirlo y seguir en toda su amplitud las voces de los maestros, de quienes esperamos que aclaren si esta sociedad puede mantenerse a flote en circunstancias de alto desempleo y baja inflación.

Álvaro Madrigal