Alfredo Trattoria, camino seguro para enamorarse de la gastronomía italiana
El chef Alberto Agostini está al mando del restaurante Alfredo Trattoria Italiana.Esteban Monge /La República
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Alfredo Trattoria, camino seguro para enamorarse de la gastronomía italiana

Los detalles hacen grandes diferencias en la oferta de este restaurante de Escazú

Los sabores de Alfredo Trattoria Italiana llegan más allá del estómago, estos alcanzan al corazón. Porque al disfrutar de su comida es sencillo sentirse flechado por cada plato que el chef Alberto Agostini pone en la mesa.

Al visitar este restaurante, en Escazú, hay que atreverse a dejar de lado los lugares comunes del menú. La recompensa será verdaderos manjares.

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La berenjena a la parmesana es una elección para comenzar con el pie derecho. Un temor de algunos comensales con este ingrediente es toparse con un sabor amargo.

Toda duda se despeja con el primer bocado. La berenjena, la salsa de tomate natural, el queso mozzarella y el parmesano crean un equilibrio perfecto sin el menor amargor.

De alguna manera esta entrada se asemeja a una lasaña. Las lonjas de este vegetal toman el papel de la pasta, en medio se colocan los demás ingredientes.

• Auténtica milanesa
La milanesa se asocia en ocasiones con la cocina suramericana; sin embargo, Agostini recordó que este plato es propio de la cocina de Milán, Lombardía, de ahí su nombre.

Para llevar esta opción al nivel más alto posible, en Alfredo ofrecen en su carta la cotoletta de ternera a la milanesa. El chef recomienda pedir esta chuleta en un punto entre el término medio y tres cuartos de cocción.

Sobresale de este platillo el hueso de la chuleta que le aporta grasas y le asegura al cliente que le están dando el corte que ordenó. El empanizado aporta crocante, mientras que la ternera en el punto ideal resulta suave y jugosa. Es un manjar que todo amante de la carne sabrá valorar.

Esta se acompaña de una ensalada de lechuga mixta con arúgula, aceitunas Kalamata, tomate, cebolla morada y queso parmesano.

“Alrededor del mundo se ha ido modificando un poco, en cualquier lugar que usted encuentre la milanesa, muchas veces es una lonja delgadita con mucho empanizado. Realmente la verdadera y original lleva el hueso y debe tener por lo menos el grosor de un dedo”, explicó Agostini.

Si en cambio se busca algo menos carnal, pero igualmente intenso, entonces el plato de ravioli abierto no lo defraudará. Solo imagine una pasta de espinaca fresca hecha en casa que se asemeja a una canasta pequeña.

En su interior el maestro de la cocina italiana colocó cangrejo con especias y lo remató con un trozo de tomate deshidratado. Estos se colocan sobre una salsa a base de mantequilla y tomillo.

“El cangrejo tiene una carne firme y fibrosa. Se necesitaba algo de cremosidad, eso lo aporta la salsa que contrasta entre el relleno y lo dulce de la mantequilla”, afirmó el chef.

La promesa en Alfredo es que bocado tras bocado crecerá en el visitante el gusto por los sabores italianos.

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