Nuria Marín

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Lunes 16 Enero, 2012


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Al otro lado del mundo


Luego de dos días y tres horas llegamos al primero de varios destinos que involucran las Maldivas y Tailandia. Me encuentro literalmente al otro lado del mundo, circunstancia oficializada por la exacta diferencia de 12 horas entre el lugar de destino y mi querida Costa Rica.
Las Maldivas es un pequeño país ubicado en medio del océano Indico, al sureste de Sri Lanka e India y cuenta con una población cercana a los 400 mil habitantes, la que mayoritariamente profesa la religión musulmana.
Pese a que el turismo es por mucho la actividad económica y fuente de ingreso más importante, persisten fricciones y contradicciones por razones (o manipulaciones) religiosas.
Así, por ejemplo, existe la prohibición de venta de licor en la capital, no así en las zonas costeras; o bien, hubo un reciente intento, de cerrar los spas, argumentándose por grupos ultra conservadores que podrían ser utilizados para prácticas de prostitución, al final, sensatamente, la prohibición no prosperó.
Las Maldivas es un pequeño país de 298 kilómetros cuadrados, compuesto por poco menos de 200 islas. Es el destino favorito de un turismo exigente, publicitado por la visita de “algunos famosos” que además de la privacidad y bellezas naturales, demanda un servicio de excelencia y una especial vocación en sostenibilidad.
Sus idílicas bellezas naturales cautivaron a lo largo de la historia a portugueses, holandeses y británicos, dejando una rica gama de costumbres europeas que se conjugan con las costumbres y cocina autóctonas de esa región del mundo.
Este paraíso tropical es uno de los países en mayor riesgo en el mundo ante los embates del cambio climático, dado que su punto de altura máxima es de 2,4 metros sobre el nivel del mar. Un incremento en el nivel de las aguas, podría significar su desaparición por lo que no es extraño entonces que haya tomado un especial liderazgo en el tema a nivel mundial.
¿Y qué me trae por estos rincones del mundo? Conocer más a fondo la interesante filosofía de la cadena de hoteles Six Senses denominada “slow life.” Se trata de un grupo con una interesante visión hotelera que integra lo mejor de la cultura oriental con la occidental, combinando la sostenibilidad y el bienestar holístico con el entretenimiento y la diversión, así como el aprendizaje con la visión de la responsabilidad social empresarial.
En un mundo totalmente globalizado y en busca de formas de desarrollo más integrales y sostenibles, nuestro interés como grupo empresarial, es tropicalizar el concepto y traerlo a tierras centroamericanas.
Para quien siempre ha vivido en una especie de “fast track”, la experiencia de bajar abruptamente de ritmo resulta increíble. Si le sumo el 29 aniversario de bodas, luna llena, el uso de la bicicleta como único medio de transporte, la prohibición del uso de zapatos, así como una serie de simples pero maravillosos detalles, la vivencia se convierte en inolvidable Como diría el anuncio, la experiencia ”no tiene precio.”

Nuria Marín Raventós