Luis Alberto Muñoz

Luis Alberto Muñoz

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Viernes 16 Mayo, 2014

En términos simples nuestro sistema de enseñanza se ha convertido en un feudo


Entre cielo y tierra

Al maestro con cariño

El malestar de miles de educadores públicos es tan entendible que el propio Luis Guillermo Solís antes de recibir la investidura presidencial se “solidarizó” con ellos. Este gesto fue recibido con mucho agrado por el gremio, al punto de deponer la huelga el día del traspaso de poderes, para que pudiese transcurrir con serenidad.
Ahora otro gallo canta y el Presidente apelando al sentido de “patriotismo” ha solicitado a los maestros dejar el paro y regresar a las aulas, aun cuando continúa el problema con el programa de software contratado a una empresa, de cuyo nombre, socios y contratos, la prensa parece no interesarse.
La huelga que inició el 5 de mayo es una medida forzosa para llamar la atención sobre la injustificada situación que vienen sufriendo algunos educadores por varios meses, desde cualquier óptica, no es justo el trabajo sin paga y sin respuestas claras sobre cuándo va a resolverse.
Algunos maestros han tenido graves problemas con sus alquileres, gastos básicos del hogar, y todas las demás trivialidades que resuelve el salario justo, merecido y a tiempo.
En todo caso, este zafarrancho administrativo es una buena oportunidad para indagar sobre el verdadero estado de la educación pública costarricense.
Por un lado, se hace alarde en el ámbito internacional sobre los logros de Costa Rica por su gran nivel de educación. Se saca pecho al decir que el país invierte más del 6% de la producción en este rubro y que contamos con uno de los sistemas más avanzados de Latinoamérica.
Sin embargo, a lo interno la realidad parece ser otra, no solo por esta situación coyuntural del salario de los maestros, sino también por la lamentable condición de la infraestructura de muchos centros de educación, por el rezago en la capacitación de los educadores, por el estancamiento de los programas y currículos ya no solo de primaria y secundaria, sino además universitarios.
En términos simples nuestro sistema de enseñanza se ha convertido en un feudo, que hace muy difícil la actualización y la generación de competencias que nos ayude a evolucionar y competir en el mundo.
La falta de pago a los maestros es una condición indigna, y hace notar el deterioro generalizado que sufre este sector. Esta circunstancia es sin dudas inconveniente para todas las partes, y lo más deseable es que se resolviera lo antes posible.
Sin embargo, no se puede tapar el sol con un dedo.

Luis Alberto Muñoz Madriz
@luisalberto_cr