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Sábado, 24 de octubre de 2020



COLUMNISTAS


Al martillo y la danza les falta la cerca…y ritmo

Miguel Angel Rodríguez [email protected] | Lunes 28 septiembre, 2020


El artículo de Tomás Pueyo “El Martillo y la Danza” tuvo resonancia mundial. Se publicó en marzo cuando el COVID-19 empezaba su ataque contra Costa Rica. Como él lo indica “El martillo, con medidas severas para parar el virus, seguido por la danza, medidas inteligentes, pero menos agresivas para evitar el retorno de la epidemia”

Ahora, el pasado 14 de setiembre Pueyo nos indica la necesidad de la cerca.: “Para vencer al coronavirus construye una mejor cerca”.

No es fácil tomar medidas cuando predominan la ignorancia y la incertidumbre ante una nueva patología y cuando se tienen serias limitaciones de recursos, y siempre es más fácil opinar sobre estrategia después del partido de futbol, pero me atrevo a plantear estas consideraciones esperando que provoquen reflexión de las autoridades sanitarias y políticas de nuestro gobierno.

Tomás Pueyo plantea que el martillo estuvo en muchos casos muy bien aplicado, lo que considero ocurrió en Costa Rica cuando en marzo se cerró el turismo, se cancelaron las clases presenciales y se impuso restricciones a la movilidad y a la apertura de centros de entretención, religiosos y muchos más. El resultado fue que hasta junio la pandemia estuvo muy controlada, con resultados admirables.

Pueyo afirma, refiriéndose al mundo, que después del martillazo no se supo seguir el ritmo de la danza y la pandemia resurgió, y se pregunta ¿por qué?

Su respuesta: “Usar mascarillas, efectuar pruebas y rastrear los contactos, aislar a los contagiados, cuarentenas son medidas que siguen siendo necesarias, pero hay una que no se ha enfatizado lo suficiente: la cerca. Los países que rápidamente cerraron sus fronteras o muy cuidadosamente dieron seguimiento a toda persona que ingresara, son los que han sido más exitosos en hacer que las infecciones se den más lentamente”.

Nuestro éxito inicial se dio cuando se tomaron y siguieron algunas de esas medidas. La cerca aérea se ejecutó. Los vuelos al Aeropuerto Juan Santamaría disminuyeron un 92,6% en abril, un 89,9% en mayo y un 86,9% en junio respecto al año pasado. Y se obligó a estar en cuarentena a quienes ingresaban, y se constataba su cumplimiento.

Pero la frontera porosa con Nicaragua no se pudo controlar tan herméticamente. Y se que no es nada fácil controlarla.

Mientras en nuestro país se tomaron las duras medidas para evitar la velocidad de la propagación de este coronavirus, en Nicaragua no cerraron las fronteras, ni suspendieron las clases ni los eventos masivos, ni declararon una cuarentena y más bien el Gobierno de Daniel Ortega promovió marchas y celebraciones masivas para Semana Santa, incluso Festivales Veraniegos en las playas y ciudades.

Se tuvo que restringir la movilidad y las actividades económicas de manera más drástica en nuestros cantones norteños cuando aparecieron allí personas contagiadas provenientes del país vecino. Frente a esas medidas muchas de las personas con COVID-19 lograron subrepticiamente venirse a los centros urbanos de la Meseta.

La cerca estaba perforada y además la cerca sola no basta. Si no es perfecta, las otras medidas adquieren aún mayor importancia.

Pero desdichadamente, también el ritmo de la danza se perdió.

No se había decretado y ni siquiera aconsejado el uso de mascarillas, ciertamente la OMS aun no lo había recomendado, pero sí lo había hecho la experiencia asiática. Con el incremento de los contagios se perdió la capacidad de rastrear a las personas que hubiesen tenido acercamiento con quienes resultaban enfermos.

Nunca se realizó la cantidad de pruebas suficientes según las recomendaciones internacionales, e inicialmente -con muy pocos casos -el escaso personal destinado a estas tareas en el Ministerio de Salud podía comunicarse con las personas que hubieran estado en contacto con quienes se iban enfermando.

Pero cuando arreció la epidemia no se tomaron las medidas que eran necesarias para poder darle seguimiento al SARS-CoV-2 contactando a los posibles contagiados, y estableciendo centros para su aislamiento. Esto último es especialmente necesario en las zonas urbanas, en las cuales en muchos barrios el hacinamiento de las personas hace imposible que tengan un adecuado aislamiento en sus casas.

Por la reclusión de muchas personas en sus casas -incluidos miles de funcionarios públicos que pueden teletrabajar- disminuyó drásticamente la demanda de muchos de los servicios que presta el gobierno. Se pudo haber impuesto una movilidad horizontal de burócratas para que se comunicaran telefónicamente con las personas que habían estado en contacto con quienes se iban enfermando. Pero no se hizo, y tampoco se recurrió, salvo durante unos pocos días en Alajuelita y Pavas, a hacer pruebas masivas para encontrar las personas que podían seguir esparciendo el virus.

Tampoco se han usado los medios tecnológicos disponibles para poder establecer con quienes han estado las personas que se enferman durante el período en que son trasmisores activos. Pudo desde hace meses haberse hecho con el sistema EDUS de la CCSS y los aportes que han proveído Google y Apple. No entiendo como aún hoy, diez meses después de que apareció esta enfermedad, se debe esperar el criterio de la Agencia de Protección de Datos de los Habitantes por 15 días más. ¿Será que no hay conciencia de la situación de emergencia que desde hace ya casi 7 meses vivimos y que se ha agravado desde hace al menos 3 meses?

Ahora la CCSS anuncia que casi 1500 técnicos de los EBAIS irán a la calle y retomarán visitas de seguimiento, lo que no se ha estado haciendo. Me consta por personas que han venido al país y han estado en cuarentena que nadie las ha chequeado. Es muy buena la medida de buscar a los contagiados con este personal de la Caja, pero es muy tarde, y es insuficiente.

Es preciso aumentar muy significativamente las pruebas, rastrear los posibles contagiados, aislarlos y reforzar la cerca.

Para ello se debe contar con cientos de empleados públicos que deben ser reasignados a estas tareas, usar los sistemas tecnológicos para seguir la movilidad de los enfermos antes de su diagnóstico, y presionar con toda fuerza directa e internacionalmente al Gobierno de Nicaragua para que actúe responsablemente disminuyendo la propagación del COVID-19 en su territorio. También corresponde a nuestro gobierno reforzar el cuido de nuestra frontera norte: destacar más policía, usar vigilancia permanente con drones, destinar personal de inteligencia recolectar información y a penetrar y romper las redes que ayudan al ingreso ilegal de personas.

Las acciones curativas de la CCSS han sido exitosas y la letalidad de esta enfermedad ha sido muy baja en Costa Rica. Pero viene creciendo. A finales de junio la letalidad era de 0,46% de los contagiados acumulados, el 31 de julio de 0,84%, el 31 de agosto de 1,06% y el 24 de setiembre de 1,14%

De esta dura prueba la medicina curativa ha salido con honores. Pero ya se anuncia que en un par de semanas se saturarán sus servicios.

No hay tiempo que perder para mejorar la cerca y retomar el ritmo de la danza.

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