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Martes, 18 de diciembre de 2018



EDITORIAL


Ahorros mal entendidos

| Lunes 28 mayo, 2012




El ahorro no debe ser mal entendido. Se debe aplicar ahí donde no afecte en nada la prestación de servicios

Ahorros mal entendidos

Cuando en un hogar la familia necesita ahorrar no lo hace comprando insuficiente comida ni retirando a los hijos del colegio. Tampoco deja de llevar al médico a quien se enferme ni de comprarle las medicinas necesarias.
Lo que hace es apagar luces donde no se necesiten para bajar esa factura, reduce paseos y gastos superfluos y, si se ve hasta obligada a eliminar el salario de una empleada para oficios domésticos, pide colaboración a todos los miembros de la familia para que se distribuyan esas tareas.
Los tres poderes de la República y las entidades autónomas de este país deben hacer lo mismo.
El ahorro no debe ser mal entendido. Se debe aplicar ahí donde no afecte en nada la prestación de servicios y se debe exigir mayor eficiencia a quienes trabajan en esas instituciones.
Los gerentes, directores y otros responsables del gobierno central, del Poder Judicial y del Legislativo, deben hacer una urgente y minuciosa revisión de la forma en que se están administrando sus presupuestos para cumplir con una buena gestión que signifique lo que arriba decíamos: brindar buenos servicios pero eliminar gastos superfluos o derroches, malas decisiones, pérdidas de tiempo e ineficiencia.
Pero recordemos que el presupuesto nacional, que provee esos dineros, es más o menos como la tercera parte del total del gasto público nacional.
Es por ello fundamental que el resto del Estado, es decir las instituciones autónomas, con sus diferentes niveles de autonomía, hagan el mismo ejercicio. Lamentablemente, hay que decir que muchas de ellas no lo están haciendo y se comportan, en algunos casos, como pertenecientes al “país del derroche”.
El ejemplo de la mala administración de la Caja es muy elocuente y doloroso porque lo que está en juego en ese caso es la salud de la población. Pero no es ella la única en donde se han tomado malas decisiones, se administra mal o falta capacidad de buena gestión. Están las municipalidades y muchas otras donde urge cambiar las cosas.
Recae directamente sobre sus jerarcas, directivos y gerentes en estos momentos, la responsabilidad de que los recortes de presupuesto que se deben hacer, no disminuyan en nada, los servicios que brindan y que, por el contrario, el ejercicio de supervisión y control que realicen sobre el uso de sus recursos signifique más bien una sustancial mejora en la atención que prestan.
El país en estos momentos necesita de eso y los costarricenses no merecen menos.