Mónica Araya

Mónica Araya

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Viernes 13 Mayo, 2016

 Pareciera que nos hemos vuelto servidores del consumo y del dinero en vez de que este sea un instrumento de pago y un mecanismo más de bienestar

Ahorro vs. consumo

En columnas anteriores reflexionamos sobre la necesidad de instruir a nuestros hijos en los temas de administración financiera personal y del hogar.
Parte de mi preocupación es la poca consciencia en el nivel de endeudamiento personal y familiar del costarricense. Pareciera que no solo no hemos aprendido de las experiencias de crisis pasadas, sino que más bien seguimos inculcando a través de nuestras costumbres diarias a nuestras nuevas generaciones que el dinero es el que maneja nuestras vidas y que el tener es más importante que el ser.
Pero hablemos de lo que entendemos como consumo y ahorro y la importancia en el desarrollo de un país, de un proyecto, empresa o un futuro: ¡el suyo!
Consumir no solo se refiere a las cosas que se compran como ropa, alimentos, muebles e inmuebles, también existe el consumo denominado “intangible”, en donde se incluyen servicios básicos (electricidad, agua, gas, teléfono) y todo tipo de actividades como: educación, entretenimiento, comunicaciones, etcétera. Se trata de un valor subjetivo que depende por completo de las costumbres y expectativas de cada consumidor, ya que algunos pueden sentir gran satisfacción al adquirir una cantidad pequeña de ciertos productos, mientras que otros necesitarán comprar más para llegar al mismo resultado.
Lo anterior es muy importante para planear las compras y organizar el presupuesto, puesto que ayuda a notar que no hay un nivel estandarizado o adecuado de consumo para sentirse bien, sino que este dependerá de usted mismo.
Es conveniente hacer un análisis sobre qué consume, con qué frecuencia y qué satisfacción obtiene: quizá usted descubra que algunas cosas no tan costosas nos dan el mismo nivel de bienestar que otras de mayor precio. Recuerde que para tener éxito financiero siempre es buena idea ser conscientes de lo que se gasta, cuándo, cómo y con qué propósito se hace.
El problema está en que muchos basan esta felicidad en cuánto gasto o cuánto tengo y no en las cosas realmente importantes. Lamentablemente se pierden la perspectiva y el enfoque. Pareciera que nos hemos vuelto servidores del consumo y del dinero en vez de que este sea un instrumento de pago y un mecanismo más de bienestar.
Ahora bien, si tenemos la clara tarea de multiplicar lo que recibimos como ingreso y no solo gastarlo, ¿cuál debería ser la fórmula financiera adecuada? El presupuesto debe mostrar un balance entre consumo, ahorro e inversión.
El ahorro debe ser considerado parte del presupuesto, de tal forma que se destine una cantidad constante a ahorrar y que este no se genere del sobrante del presupuesto. La cantidad dependerá de cada persona, pero es importante ser constante y considerar el ahorro como un pago más en el cual no se puede atrasar. Ahorrar es un excelente hábito financiero puesto que le permitirá tener un fondo para emergencias, para invertir y crecer y no vivir al día.
Sin embargo, este último por sí solo no es suficiente para hacer crecer su dinero; si el objetivo es aumentar el patrimonio entonces es necesaria la inversión que es el paso siguiente al ahorro, es decir, hay que poner a trabajar el dinero guardado con la finalidad de que no se deprecie y a mediano y largo plazo se multiplique.

Mónica Araya