Enviar
Aguinaldos y vacas flacas

Se están pagando los aguinaldos y todos piensan en ello. “Los aguinaldos andan en la calle”, decía una amiga ayer. Ante tal afirmación no puede que pensar en los aguinaldos cual personajes de un cuento de Cortázar, como los cronopios, por ejemplo.
Porque en la calle ocurre de todo; las historias más hermosas del mudo, los ojos más negros, las caderas más profundas, los niños más tristes y las ciudades más sucias. Todo ocurre en la calle. Y es ahí donde andan los aguinaldos, una especie de personajes económicos que se esperan con ansias y se gastan con prisa, y en eso los aguinaldos se parecen al primer coito.
Hay aguinaldos gordos y otros flacos, unos altos y otros chicos. Los hay maduros, los hay primerizos, los hay expertos, bien vestidos y en camiseta agujereada. Hay aguinaldos que adoran las cantinas y los burdeles, otros los bares de moda y las playas con bikinis extranjeros. Hay otros que solo piensan en viajar, pero los más se dejan morir en escaparates y ventanas de centro comerciales, malls y tiendas a la orilla de las carreteras.
Los aguinaldos más tristes son los aguinaldos esclavos, aquellos cuyos progenitores han hipotecado su alma antes de nacer y son ya posesión de otros. Esos son los únicos que no andan en la calle. Encadenados a una cadena de unos y ceros, viajan sin ver la luz del día de una cuenta a otra para morir en un registro bancario. A esos también les llaman aguinaldos abortados.
Los más, sin embargo, son aguinaldos que sin saber que han nacido para vestirse de fiesta, se piensan como cualquier otra criatura del ingreso, se sienten normales digamos, sin pompa ni celebración.
Nadie les ha dicho que las cosas que solo pasan una vez en la vida, como el primer hijo, el primer libro o el primer coito, o una vez en el año, como el cumpleaños o el aumento salarial, se celebran, porque en la vida hay que celebrar. Así, no saben ni se imaginan su importancia porque se gastan diarios, en cuentas atrasadas de la tarjeta de crédito, la escuela de los niños o de la casa.
Los aguinaldos tienen vida propia y andan en la calle. Tenga en mente, si usted ha engendrado una de estas criaturitas, que los aguinaldos son por naturaleza juguetones y alegres —a pesar de las ya acusadas excepciones—, y a veces los engañan individuos inescrupulosos en las entradas de cajeros y de bancos.
También tienen los aguinaldos una propensión a gastarse singularmente rápido. De pronto, pueda usted convencerlo para que se quede en casa y salga a la calle en otro momento, digamos, cuando andan también en la calle de las vacas flacas.

Francisco Villalobos
Ver comentarios