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Viernes, 14 de diciembre de 2018



FORO DE LECTORES


Agua con sabor guanacasteco

| Martes 03 marzo, 2009


Agua con sabor guanacasteco

El derecho al uso vital del agua ha sido siempre una prioridad para el pueblo guanacasteco, a quien la historia ha enmarcado en insigne vigilante y protector. Este recurso natural ha significado un motivo de organización comunal que debería servir de ejemplo para atender e incorporar la participación ciudadana, en otros ámbitos de gran relevancia nacional.
Esa sed por la protección del agua representa los valores auténticos de nuestros más humildes pobladores, quienes conscientes de su necesidad y abastecimiento, han reforzado el celo en las formas de su consecución.
No es de extrañar entonces que se acuda al sistema nacional de control con el fin de garantizar que las administraciones públicas se ajusten al ordenamiento jurídico, a la transparencia y a la justicia. Los pueblos saben de antemano, que el recurso hídrico no es inagotable, y que se requiere una acción coordinada y responsable para que sea aprovechado, prioritariamente, en consumo humano.
Al igual que se reconoce la sabiduría campesina como indicadora de cuándo va a llover y cuándo no, cuándo va a haber una sequía o cuándo va a haber bonanza o dificultad en la cosecha, debe también escucharse atentamente cuando nos llamen la atención sobre los límites del uso del agua.
Guanacaste es pionera en levantar su voz para que el agua alcance para todos, por lo que debe trasladarse esa experiencia con el mismo ahínco, con el fin de controlar aquellas extracciones desproporcionadas o de fuentes informales, no inventariadas.
Entonces, constituye un pilar esencial de responsabilidad social concientizar esa protección del preciado líquido para que cualquier proyecto tenga un apartado que rinda cuentas sobre cómo se compensarán los posibles impactos y un seguimiento a sus planes de gestión.
Hoy, los habitantes de esa provincia siguen ejerciendo acciones dignas de imitar, resguardando lo que la naturaleza otorga al ser humano para su supervivencia, sin necesidad de llevar a extremos una lucha que tiene como fin primordial, la convivencia pacífica y el respeto de todos sus pobladores.
La preservación de los recursos naturales debe involucrar, inexorablemente, la participación ciudadana como medio idóneo que garantice el desarrollo sostenible.
El agua que se protege ya se incorporó al cauce de la justicia, pero, sobre todo, a la sombra fresca del Guanacaste. Queda ahora esperar que la convivencia, la razón y la certeza, sean los motores que orienten a todos los sectores, comisionados o no, por la senda del respeto a la legalidad y de la constante comunicación y participación ciudadana.
Para lograr lo anterior, no es conveniente que ante la adversidad o el error se justifique atacando el sistema nacional de control, en ocasiones mediante juicios de valor sin asidero alguno, en vez de encontrar la humildad necesaria para reconocer los desaciertos propios.

Daniel Soley Gutiérrez
Defensor adjunto de los habitantes