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Miércoles, 14 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


Adolescentes y educación integral

Arnoldo Mora [email protected] | Jueves 26 octubre, 2017


Adolescentes y educación integral

Con ocasión del lanzamiento de una campaña electoral más, la opinión pública suele ocuparse preferencialmente de la escogencia de los candidatos que aspiran a ocupar la conducción de los dos poderes. Es en función de la promoción de la imagen y trayectoria personal de los candidatos, escogidos por los partidos, que estos montan una costosísima y en gran parte frívola campaña de propaganda, promoviendo a los candidatos como si fueran productos comerciales, sin exigir con el mismo énfasis que promuevan y expliquen sus programas de gobierno. Los ciudadanos debemos tomar conciencia de que una campaña electoral, más que promover nombres y banderas, tiene como fin discutir y analizar, sin más deseo que el inspirado en el bien común, las propuestas programáticas de los partidos; pues se supone que dichas propuestas son el fruto de la labor de expertos altamente calificados profesionalmente y de reconocido espíritu cívico. La ley provee de recursos al Tribunal Supremo de Elecciones y a los partidos a fin de que motiven a los ciudadanos a participar masivamente en las elecciones, pero teniendo un buen fundamentado conocimiento de los programas y promesas de campaña. Los programas son un instrumento en manos del ciudadano, que le posibilita exigir a quienes fueron electos con su voto, el cumplimiento fiel de lo que les fue prometido.

Esos programas deben abarcar, no solo asuntos que son temas ampliamente discutidos por la opinión pública, tales como la crisis fiscal, el auge de la delincuencia y la violencia, la corrupción generalizada, el crecimiento de la desigualdad social, el desempleo y un amplio etcétera y, por supuesto, las propuestas para combatir esos flagelos a corto y mediano plazo y los medios realistas para lograrlo. Pero hay temas que parecen no gozar de la misma atención de parte de los ciudadanos y que, sin embargo, considero deben ser objeto de la mayor atención de todos, especialmente de padres de familia y de educadores. Me refiero, en concreto, a la educación integral que, como un derecho humano fundamental, corresponde a los adolescentes. El cumplimiento de esa responsabilidad recae, no solo en los maestros y profesores, sino ante todo, en los padres de familia y, más allá, en la sociedad como un todo, especialmente los medios de comunicación y el Estado. Por eso considero que debe haber políticas cuyo objetivo sea la formación integral de la juventud en vistas a la conformación de una personalidad equilibrada afectiva e intelectualmente, que capacite a los jóvenes para disfrutar de sus potencialidades y así estar en condiciones de asumir sus futuras responsabilidades en la sociedad.

Un documento reciente, promulgado por el Ministerio de Educación, trata del tema y, en concreto, de la formación afectiva de los jóvenes y de su educación sexual. Este documento me parece muy serio y equilibrado. Ha sido una propuesta largamente preparada, tanto por el gobierno anterior como por el actual; cosa que me alegra sobremanera, pues la educación, al igual que otros temas, como la salud, la cultura y la seguridad ciudadana debe ser objeto de políticas de Estado y no solamente como políticas de partido o de gobierno. La adolescencia ha sido descuidada; nos solemos ocupar más de los niños, máxime porque cada día son menos, y de las personas mayores porque cada día somos más, pero de los jóvenes solo nos ocupamos presentándolos como personas conflictivas o manipulándolos como mercancía fácil para modas y conciertos. El número de adolescentes que sufre de una grave carencia afectiva es cada día mayor, entre otras razones, debido a la pseudocultura machista de no pocos padres, que rehúsan asumir su función de consejeros o guías e inspiración de sus hijos. Para cubrir en alguna medida esa carencia, el Ministerio de Educación ha propuesto una guía de educación afectiva en los colegios, que abarca como es natural, lo sexual. Los sectores conservadores de las iglesias católica y evangélicas, han mostrado una férrea oposición inspirados en prejuicios provenientes de una pseudoteología fundamentalista, que recuerda los oscuros tiempos de la condena a Galileo e incurriendo en la falacia naturalista denunciada ya por el filósofo británico David Hume en el siglo XVIII. Conceptos como “naturaleza” dependen en su uso y comprensión del contexto cultural dentro del cual viven los miembros de una sociedad determinada. Los líderes de esas iglesias, si por ignorancia o por intereses no lo sé, conciben una Costa Rica premoderna, obsesionados por el pecado “de la carne”(¡?).

El Ministerio de Educación hace bien en propiciar una educación que prepare a los jóvenes para vivir en una sociedad donde la cultura urbana se impone. Vivimos en una sociedad pluralista, democrática, sometida a una globalización que abarca todos los ámbitos de la vida y donde los valores en que se funda la convivencia social, son marcados por el creciente auge de los medios de comunicación, como lo muestra el hecho de que el mundo entero está en las manos de los jóvenes gracias a un iphone. Hablar con los adolescentes, con el fin de quitar el morbo que suele rodear a esos temas, es un instrumento importante en procura de lograr una personalidad equilibrada y madura, especialmente en los varones tan inclinados al machismo. Pero esta guía del Ministerio de Educación solo tendrá éxito si se prepara a los profesores. Porque es a ellos a quienes incumbe la responsabilidad de aplicarla. Ninguna reforma educativa, por más urgente y elaborada que sea, y por más noble que sea la intención que anime a sus autores, tendrá éxito si los profesores no han sido preparados adecuadamente.