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Ante la llegada de Semana Santa, mantengamos limpias las casas, calles y aceras; exijamos máximo aseo en cualquier venta de alimentos preparados

Acabemos con la suciedad

La tradición atribuye a Buda la sentencia de que “La negligencia es el sendero hacia la muerte”, algo que adquiere su pleno significado cuando hablamos sobre hábitos de higiene.
El aseo, más que ciencia, es asunto de sentido común que, en el contexto actual de nuestro país y del planeta, toma relevancia ante el acecho constante de epidemias como las distintas cepas de influenza, el dengue, el cólera, e incluso enfermedades transmitidas por alimentos contaminados, ya sea en casas, sodas o restaurantes.
Deberíamos avergonzarnos de ensuciar calles, barrios y ciudades en la forma en que lo hacemos.
Nuestras carreteras están inundadas de basura, las aguas son contaminadas sin ninguna consideración —desde el fregadero de nuestras viviendas hasta en industrias como la minería, el turismo o la producción agrícola—. Todo esto va estrechamente relacionado con la salud y la sostenibilidad del agua potable en una nación.
La tala inmisericorde de bosques, la contaminación sónica, los gases de efecto invernadero, arrojar basura a los ríos, entre otras muchas, son malas costumbres que nos advierten sobre la urgencia que tenemos de modificar nuestra (in)cultura.
Medidas fundamentales que se suponen de práctica común, son olvidadas y dan paso al desaseo personal, a la contaminación de ciudades y a una incuria que incluso llega a cobrarse la vida de comensales, vecinos, niños y parte de la población productiva.
Las instituciones rectoras de la salud, empresas de medicina privada, aseguradoras, escuelas y colegios tienen que retomar la labor de capacitar y concienciar sobre la importancia de lavarse las manos, bañarse, cepillarse los dientes, desinfectar los alimentos.
Debe haber responsables de reeducar a la ciudadanía para que adopte una cultura saludable en este sentido y se convierta a la vez en consumidora más exigente en sitios públicos donde deben sobresalir de forma evidente las medidas de aseo.
El sistema de salud nacional debe instaurar la prevención, y no solo incurrir en tratamientos costosos que en ocasiones resultan inútiles.
Sin embargo, ser una población sana y limpia es un deber que cae más en el ámbito individual, algo que atañe a cada ciudadano. Los padres de familia deben enseñar con su ejemplo a los niños prácticas de salubridad.
La Semana Mayor, que se avecina, debería movernos en este sentido. No ensuciemos los sitios públicos, mantengamos limpias nuestras casas y aceras y exijamos máximo aseo en cualquier venta de alimentos preparados.
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