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Domingo, 16 de diciembre de 2018



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¡Abur!

Alvaro Madrigal [email protected] | Jueves 01 septiembre, 2016


Pongo fin a una colaboración con LA REPÚBLICA ininterrumpida desde que su Director de aquellos años, ese excepcional periodista que fue Julio Suñol, me abrió las puertas

De cal y de arena

¡Abur!

Armar un periódico, editarlo, imprimir sus páginas y hacerlo circular es toda una aventura de exigentes esfuerzos y grandes costos. Demanda recursos técnicos de avanzada, idóneos para garantizar una impresión de calidad a tono con el mercado al que se quiere llegar y a costos asumibles, lo que apareja necesariamente holgados ingresos por publicidad y por circulación. Esto no es fácil, sobre todo en tiempos en que los mercados se deprimen y la masa de lectores difícilmente crece si no es que se achica. En adición, los avances de la tecnología de las comunicaciones ponen al alcance de la gente otras opciones fácilmente accesibles, más baratas y de expedita selección, sobre las cuales puede ejercer rápida selectividad a su discreción. A más de un periódico impreso en el amplio universo de la prensa del mundo se le ha hecho imposible sostenerse y ha tenido que cerrar. Aquí entre nosotros esto ha sucedido: desaparece la edición impresa y se refugian sus capacidades en la edición digital.
Me atrevo a pensar que en esta casa —LA REPÚBLICA— se baraja la posibilidad de migrar hacia el mundo del periódico digital por efecto de un mercado de publicidad y suscritores que se achica, con costos crecientes y ventas que se recogen. Sin hacer a un lado las tareas inherentes a esos ámbitos digitales, creo que este periódico debe reflexionar sobre las consecuencias de un viraje hacia ediciones con muchos contenidos propios de revista de inactuales, con más “refritos” de la cuenta, en demérito de lo que es un diario de noticias que mantenga al lector al día desde una perspectiva diferente a la del manoseo de otros. Este viraje ya muy marcado puede estar en el foco de la pérdida de músculo noticioso que está repercutiendo en la reducción de los espacios de la diversidad y la competencia, en nuestra prensa.
Equivocada o no esta apreciación mía, es lo cierto que desde la Presidencia de la empresa se me ha hecho saber —igual que a los demás columnistas de la Sección de Opinión que aparece de lunes a viernes, antes a sábado— que en ella va a haber cambios en el formato que harán que desaparezca mi columna de opinión de la edición impresa y que se me proponga su migración a la versión digital. Agradezco la invitación a mantenerme en esta casa en ese nuevo nicho. Pero hay otro medio digital que me da acogida, lo que me hace declinarla. Con lo que pongo fin a una colaboración con LA REPÚBLICA ininterrumpida desde que su Director de aquellos años, ese excepcional periodista que fue Julio Suñol, me abrió las puertas. Gracias, pues, a este diario y a quienes en algún momento han creído que esta columna merecía una lectura.


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