Abel Pacheco

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Lunes 18 Abril, 2011



Andar como abejón de mayo es cuando, por culpa de las copas de más, alguien camina tropezando con muebles, personas y paredes

Parlatica
Abejones



Con los primeros aguaceros aparecen torpes, tercos y zumbones, los “abejones de mayo”
Así les decimos, pero no son abejones ya que en castellano ese término designa al zángano, el macho de la abeja, y a algunos otros insectos himenópteros, (del griego hymen, membrana y pteron, ala).
En cambio, el bichito del que hablamos, es un coleóptero, (del griego koleos, caja o estuche y también pteron, ala).
Su presencia cubre casi todo el planeta con múltiples especies, muchas de ellas altamente nocivas para la agricultura, pues sus larvas devoran las raíces de los cultivos matando la planta.
Esas larvas son lo que en parlatica llamamos “jogotos”, o “fogotos”, gusaniformes criaturas blanquecinas y cabecipardas que habitan nuestro subsuelo.
Pero con razón gramatical o sin ella, aquí el coleóptero se llama (y se seguirá llamando) abejón, abejón de mayo o bien ahogapollos.
Muchos de los ticos de mi generación y más “roquitos”, en la infancia jugamos con ellos haciéndolos arrastrar mediante un hilo, la parte interna de una caja de fósforos, a manera de bueyes uncidos tirando de la carreta (¡oh tiempo aquel cuando los juegos requerían imaginación y creatividad!).
Su omnipresencia y descontrol del vuelo errante y desmañado que los caracteriza, los ha hecho acuatizar en más de un refresco, café, plato de sopa o hirviente olla fogonera. Viví tal experiencia, pero no interrumpí el trasiego de aquella inolvidable sopa negra, pues bien decía mi abuelita que “lo que no mata... engorda”.
También han invadido la ticoparla y, hacer abejón significa hablar en susurros y apartado del grupo, como lo hacen conspiradores, novios y amantes.
Andar como abejón de mayo es cuando, por culpa de las copas de más, alguien camina tropezando con muebles, personas y paredes.
Y a veces se les llama “ahogapollos” porque, cuando un pollo sin experiencia confunde la llegada de los abejones con maná caído del cielo y se atraganta, se le paraliza la digestión y se torna tristón, aislado y de pico caído quizá hasta morir. De ahí que a las personas que andan tristes, pensativas y cabangosas les digamos que tienen “abejón en el buche”.
Olvidaba decir que abejón es también para nosotros la baya de café hinchada por la humedad.
Me despido para continuar con mi torpe vuelo de abejón literario con un ¡cuide su sopa!, porque ya están aquí los abejones.

Abel Pacheco