Vladimir de la Cruz

Vladimir de la Cruz

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Miércoles 2 Abril, 2014

Los que votaron por estos dos partidos tienen la obligación, el deber moral y cívico que deriva del derecho al sufragio, de asistir el domingo a ejercer su voto


Pizarrón

¡A votar!

El próximo domingo se termina el proceso electoral, en su segunda fase, puesto que el 2 de febrero ninguno de los candidatos obtuvo el 40% de los votos emitidos para que así se le declarara el Presidente en esa fecha.
De acuerdo a nuestra Constitución Política y legislación electoral el proceso electoral continúa para que el primer domingo de abril, se reproduzca el proceso electoral con los dos candidatos que el 2 de febrero obtuvieron más apoyo popular, y así concluya la escogencia del próximo Presidente de la República, quedando obligados para ello todos los electores participantes e inscritos para el 2 de febrero.
Todas las autoridades electorales que participaron el 2 de febrero, tienen igual obligación de actuar y participar el domingo, los miembros de mesa, los fiscales acreditados de cada partido, los auxiliares que emplea el TSE y todo su personal.
Es obligación de los electores salir a emitir su voto, su derecho sagrado al sufragio directo y secreto. La secretividad asegura la conciencia de cada votante de apreciar que es lo que más le conviene al país y a los ciudadanos.
Se puede escoger entre dos personas, dos candidatos, dos partidos, dos proyectos políticos, de desarrollo económico y social, entre continuismo o cambio de partido en el gobierno.
Desde el 2 de febrero hasta hoy, que cierra oficialmente la campaña publicitaria y electoral de agitación propagandística no ha habido ninguna situación espectacular que distinga estos dos proyectos, más allá de lo que se dijo antes del 2 de febrero.
Lo novedoso de esta etapa es que uno de los candidatos públicamente desistió de presentarse a debates, que dejó la sensación de retirarse de todo el proceso electoral sin llamar a votar por el otro, que dejó a su partido enfrentando a un exmiembro suyo, haciéndolo jugar la gallinita ciega, o viendo a ver, con los ojos vendados, si puede ponerle correctamente la cola al burro.
No se ha producido una encuesta de opinión pública sobre lo que piensan los costarricenses de esta situación, o de estos candidatos, de cara al próximo 6 de abril, excepto la que publicó el Semanario Universidad que provocó plañideras en las tiendas liberacionistas.
Con encuestas o sin ellas, los que votaron por estos dos partidos tienen la obligación, el deber moral y cívico que deriva del derecho al sufragio, de asistir el domingo a ejercer su voto, de conformidad a lo que en este momento les dicte su conciencia.
Los que no votaron por esos dos candidatos y sus partidos, pero que votaron por los otros, de los cuales nueve en total, eligieron diputados, tienen igual deber y obligación de votar para apoyar la consolidación de las instituciones democráticas, republicanas y legislativas que surgieron fortalecidas el 2 de febrero.
Si al 2 de febrero todos estaban contra todos, ahora todos los costarricenses estamos frente a dos candidatos, entre los cuales se escogerá el próximo Presidente de la República, el Presidente de todos los costarricenses.
De allí el imperativo de ir a votar. No es cualquier decisión. Es la más importante en tanto se escoge a la persona que guiará el gobierno y con ello las directrices del Estado costarricense, de más de 330 instituciones públicas en la cuales todos los días se toman decisiones que nos afectan a todos.
Por eso el voto no se puede botar. ¡Hay que ir a votar!


Vladimir de la Cruz