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Sábado 16 Agosto, 2014

Turquía y América Latina podrían ser los más beneficiados de la veda rusa


¿A quién sancionan los que sancionan?

Lo cierto es que las “sanciones”, de unos gobiernos a otros, son solo eufemismos que utilizan los políticos para disimular que, en rigor, las medidas están dirigidas hacia sus propios ciudadanos.
Por caso, el bloqueo contra a Cuba significa que el gobierno de EE.UU. coarta la libertad de sus ciudadanos para tener cierto tipo de relaciones comerciales con la isla. Las “sanciones a Rusia”, por otro caso, en realidad, entre otras cosas prohíben a firmas o ciudadanos de los 28 países de la UE comprar, vender, servir de intermediario o dar asistencia, directa o indirectamente, en la emisión de instrumentos financieros de bancos rusos.


Y siempre empeoran la situación. Además de que el bloqueo estadounidense a Cuba coartó las relaciones personales, entre otras cosas dificultó mucho el desarrollo de Internet, con la globalización que la red conlleva.
La isla tenía un cable submarino, precisamente con EE.UU., antes de 1959, a través del cual se realizaban las llamadas telefónicas, pero ahora no podía tener uno de fibra óptica para la conexión de Internet —por lo que debe establecer sus comunicaciones a través de enlaces satelitales, mucho más costosos e ineficientes— de esta manera fue el único país del hemisferio occidental que no estaba conectado al resto del mundo con fibra óptica, a pesar de que a su alrededor pasan decenas de cables submarinos.
Así se vio obligada a aliarse con Caracas que financió un cable de más de 1.600 kilómetros entre Venezuela y Cuba. Un “proyecto emblemático”, dijo un funcionario venezolano, que permitirá la “unidad para todos los pueblos, unidad para la integración”.
La fibra óptica permitirá multiplicar por 3 mil la capacidad de conexión a Internet, limitación esgrimida por La Habana para no permitir el acceso a toda la población. Sin embargo, eso no supondrá por sí solo una ampliación del acceso de los cubanos a Internet, según aclaró el diario oficial Granma. Como respuesta a las “sanciones contra Rusia”, el gobierno ruso anunció la veda por un año contra todas las importaciones de carne, pescado, lácteos, fruta y verdura de EE.UU., de la UE, Noruega, Canadá y Australia.
Lo que no es un dato menor ya que, desde la caída de la URSS, Rusia es el mayor consumidor mundial de fruta y vegetales de la UE, el segundo mayor comprador de productos avícolas, y un importante consumidor de pescado, carne y lácteos. De hecho, ya ha afectado a países como Alemania, provocando una caída en su economía, ya disminuida desde junio de este año.
Turquía y América Latina podrían ser los principales beneficiados de la veda rusa, particularmente el Mercosur que, durante su última cumbre en Venezuela, parece haberse convertido en una entidad política y caja de resonancia del ALBA. Poco antes los BRICS se reunieron en Fortaleza, Brasil, viaje que los jerarcas ruso y chino aprovecharon para realizar sugestivas visitas por la región.
Es que la situación fuerza al presidente ruso a convertirse en buen aliado del nuevo Mercosur y los BRICS. Argentina y Brasil se beneficiarán con nuevas exportaciones de granos y carne al mercado ruso, aun a riesgo de sufrir algunas complicaciones en que pueden incurrir por ayudar al Kremlin a evitar los efectos de sanciones económicas y tecnológicas, especialmente si se cruzan con la intermediación bancaria en las transacciones y pagos derivados de operaciones comerciales.

Alejandro A. Tagliavini

Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

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