Nuria Marín

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Lunes 14 Noviembre, 2011


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A menos de un año

Inició la recta final para la que será la próxima contienda presidencial de los Estados Unidos. El primer martes de noviembre de 2012 decidirá si el actual presidente Barack Obama continúa en el cargo, o habrá un cambio.
Las perspectivas para Obama no son buenas pero tiene un año para enmendar el rumbo, ¿podrá hacerlo? Eso está por verse. La situación de momento luce crítica dados sus bajos niveles de popularidad. Además, la pregunta de rigor en política, ¿cuál será la base o plataforma con la cual podrá reelegirse?
En tres años en la Casa Blanca, Obama ha erosionado o al menos generado una sensación de deuda en grupos afines al partido demócrata como son las mujeres, los trabajadores con ingresos menores a los $36 mil anuales, los ambientalistas, los hispanos, los judíos y los afroamericanos.
Por otra parte, ha perdido fuerza en los jóvenes, un grupo que tradicionalmente había sido indiferente a la política pero que en 2008 y gracias a su mensaje, a variadas estrategias y al uso de la tecnología, logró conquistar. Ellos fueron no solo una importante fuerza, sino que dieron una especial energía y aire de esperanza al proceso electoral.
Al momento de escribir esta columna, según el reconocido indicador Real Clear Politics, Obama no está pasando su mejor momento. Sus niveles de aprobación han llegado a un peligroso 44,9% cuando históricamente ningún presidente ha sido reelecto en Estados Unidos con un nivel de aprobación igual o menor al 48% (Ford 48%, G. Bush 39% y Carter 31%).
Por otra parte ese mismo indicador señala que el 73,5% de los estadounidenses considera que el país va por el rumbo equivocado. Además, como si fuera poco, en la medición de Obama contra un candidato genérico del partido republicano él ha resultado con menores posibilidades de salir vencedor en varias semanas.
El ejercicio del poder pasa una dura factura, especialmente para aquel que en campaña despertara tantas y tan altas esperanzas. El nivel de frustración se incrementa inversamente proporcional al nivel de expectativa y esperanza despertado.
La lucha por recuperar a cada uno de esos grupos no será en absoluto fácil, máxime el demandante dilema de enfrentar una lenta recuperación económica, con una baja capacidad de endeudamiento (tope de deuda) y un nivel de desempleo que no ha bajado del 9%. Por cierto, otro indicador interesante es que ningún presidente en Estados Unidos se ha reelecto con un nivel de desempleo superior al 7,4% (Ford 7,7%, Carter 7,5% y G. Bush 7,4%)
Obama cuenta con poco menos de un año para revertir el proceso, que en política es mucho tiempo, y ha empezado interesantes ofensivas para hablarle a su base electoral; estoy segura que esto lo comentaremos en los próximos meses.
Se debe tomar en cuenta que la debilidad y extremismos de los candidatos republicanos han producido una alta volatilidad en las preferencias del electorado en las primarias, condición que se convierte en fortaleza y oportunidad para el presidente Obama.

Nuria Marín Raventós