Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 30 Septiembre, 2013

Johnny se ha alejado de los yerros del gobierno, sin glorificarlo ni oponerse totalmente. Después de todo la señora Chinchilla y él pertenecen al mismo partido


A 18 domingos (1)

Estamos a 18 semanas del próximo primer domingo de febrero. Las encuestas siguen favoreciendo al candidato del Partido Liberación Nacional (PLN). Pero falta mucho. O poco. El tiempo es relativo y el resultado final depende de gran cantidad de factores.
Johnny Araya es el más conocido de los aspirantes presidenciales. Cuenta, además, con la organización partidaria fundamental para movilizar votantes. (Recordemos que, tanto en las elecciones de 2006, como en el Referéndum, los resultados no respondieron a la voluntad de la mayoría, si no a la fuerza de un mecanismo apoyado por el dinero).
El poder económico lo acompañará: por ahora solo algunos, pero a medida que se acerque la fecha límite, todos se unirán. Ya no habrá más titulares en contra, ni cuestionamientos a su labor como alcalde. Los ricos no van a permitir un gobierno que no responda a sus intereses, y los demás candidatos o no tienen posibilidades, o comulgan con ideas que “molestan”, o todas las anteriores.
El candidato del PLN ha sabido manejar el equilibrio. Nunca fue cercano a los Arias y luego de la poca o nula simpatía que generó don Rodrigo entre los ciudadanos, era fácil ignorarlos.
En cambio, la relación pública con Laura lo ha puesto más de una vez en la cuerda floja.
La administración Chinchilla no ha contado con el favor popular y, menos aún, con el de los más poderosos. Los medios de comunicación tampoco simpatizaron con ella (por diversos aspectos, incluyendo los anteriores) y, para colmo, no ha tenido suerte. Y, perdón, el azar cuenta en un mandato. Oduber tuvo las heladas en Brasil, que potenciaron la economía, y Arias, en su primer gobierno, ganó el Premio Nobel de la Paz, que llenó de orgullo a muchos.
Doña Laura ha tenido que lidiar con las consecuencias de sus antecesores: el empobrecimiento de la clase trabajadora y media (provocado por las políticas liberales que se mantuvieron), el caos vial (por la nula proyección, la falta de mantenimiento y una pésima construcción de las carreteras) y los conflictos con Nicaragua (en la que las malas acciones de un Canciller y la actitud vandálica de Ortega con el apoyo de Pastora han complicado la situación fronteriza).
Ante este panorama, Johnny se ha alejado de los yerros del gobierno, sin glorificarlo ni oponerse totalmente. Después de todo la señora Chinchilla y él pertenecen al mismo partido.
Pero, ¿es seguro su triunfo? ¿Y si se diera una segunda vuelta como en las elecciones de 2002 en la que su hermano perdió ante Abel Pacheco? ¿Quiénes son los posibles contrincantes en caso de balotaje?
Hoy por hoy son: Luis Guillermo Solís, casi un desconocido pero al frente de un partido que ha tenido sus buenos momentos; Rodolfo Hernández, doctor de prestigio ante una organización endeble con dos de sus expresidentes seriamente cuestionados; Otto Guevara, carismático que tuvo sus 15 minutos de gloria, pero se enfrenta a un partido dividido por asuntos de financiamiento; finalmente está José María Villalta, el más joven que, aunque ha cosechado adeptos gracias a su labor en la Asamblea Legislativa, difícilmente será una segunda opción.
Y como el tema da para tanto y ya no tengo espacio, los invito a leer mi próxima columna. Continuará…

Claudia Barrionuevo
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