Humberto Pacheco

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Martes 18 Marzo, 2008

TROTANDO MUNDOS
A propósito del escándalo tributario alemán

Humberto Pacheco

Nos preguntaba un amigo que qué opinábamos sobre el tema y nos sugirió escribir una columna con la respuesta que le dimos. Hela aquí. Como en todas las actividades profesionales, en la planificación tributaria hay tres categorías: expertos verdaderos, expertos en venderse pero que no conocen la materia a fondo y sinvergüenzas. Es necesario estar en el primer grupo para ser exitoso y tener clientes exitosos, pero eso muchos lo hacen de lado para vender “milagros”. Una buena planificación tributaria se hace al amparo de las leyes, no a escondidas de éstas. Se vale la elusión, pero es mortal la evasión.
Decía uno de mis mentores- uno de los principales abogados tributarios de los Estados Unidos- que sólo hay dos cosas irrefutables en la vida, la muerte y los impuestos. Pues bien, parte de ser un buen planificador de impuestos es apuntar a la mayor elusión legal, no pretender alzarse con todo. Pero “la gula humana no conoce límites” y algunos apuestan a no pagar del todo.
Los contribuyentes alemanes encontraron muy cómodo hablar su propio idioma con sus planificadores al otro lado de la frontera y por ello pusieron el pan muy cerca del fuego. Un error de estrategia, sea que la planificación fuera legítima ó no. Además, como ocurre con frecuencia, tuvieron una memoria muy corta pues hace un cuarto de siglo ya Alemania e Italia- al igual que en esta ocasión- le negaron reconocimiento a las “Stiftung” y las “Anstalt” del Principado, destaparon el comal y atraparon a gran cantidad de defraudadores con las manos en la masa.
Por ello, algunos dejaron de usar Liechtenstein para la protección de sus activos. El país no ofrecía las condiciones adecuadas y, sin querer ser irrespetuosos, no era más que un hueco en la pared para ocultar bienes y utilidades. Pero aquí abundaron los que se venden bien, no los expertos.
Para determinar sí la información fue obtenida legalmente ó no por el Gobierno alemán y sí resistirá el embate legal, habrá que esperar a lo que digan los tribunales, sí es que alguien se anima a retar al Ministro de Finanzas. En nuestro criterio, mientras no haya habido allanamientos ilegales, el "encontrarse" con la información en otro país que no es Alemania por una módica suma probablemente se gane el favor de algún tribunal complaciente con el Gobierno. En Alemania sobran. Pero sí así no fuera, ya muchos están corriendo a inculparse para evitar el ámbito penal, con lo que se logra lo mismo.
Coincido con el Ministro de Finanzas alemán en cuanto a que hizo una buena compra cuando le pagó a un profesional corrupto para que le entregara la lista de contribuyentes que estaban defraudando al fisco. Pero el problema no se resolverá con este hallazgo, más ruidoso que efectivo. Este se origina en lo irracional y abusivo de la carga tributaria alemana. De ahí que el “International Herald Tribune” asegurara en años pasados que hay en el extranjero entre 300 y 900 MIL millones de euros alemanes ocultos, que no tributan ni regresan pese a las ofertas de amnistía que como turnos en Costa Rica, se ofrecen constantemente sin mayor éxito. Esos 300 millones que captará el Ministro no son más que la punta del témpano.
La forma sabia y efectiva de reducir la defraudación la dio el profesor Arthur Laffer cuando diseñó su curva y dijo que era mal negocio no pagar un tasa baja de impuestos, pero que valía la pena arriesgarse cuando dicha tasa era expropiatoria. Aquí lo vivimos con los impuestos al licor. Mientras fueron excesivos nadie bebía whisky, es decir, whisky correctamente desalmacenado. Cuando bajaron los impuestos, bajó exponencialmente el contrabando y el fisco se benefició.
En la vida todo tiene su balance. Ni mucho que queme al Santo ni tampoco que no lo alumbre. Vamos a ver sí nuestro Ministro de Finanzas se acuerda de este elemental principio cuando lance su anunciado proyecto de impuestos.

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