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Sábado, 19 de septiembre de 2020



FORO DE LECTORES


A la memoria de un buen hombre

Reinaldo Herrera Arce [email protected] | Viernes 21 agosto, 2020

Reinaldo

Quise que transcurrieran un par días antes de escribir estas líneas. Ese mazazo que recibí con las primeras horas del lunes 10 de agosto me golpeó como un rayo. Y no me gusta escribir desde el dolor. Nos hace perder la perspectiva, apresurar los juicios y hasta ser mezquinos: conformarnos con unas cuantas frases que nos reconforten y a quienes nos rodean. Es una reacción muy humana.

Hace ya muchos años que le conocí, cuando el asunto de la administración de riesgos en el sistema financiero costarricense era aún era incipiente. En eso fue pionero: no creo exagerar al decir que gracias en parte a su trabajo y visión hoy tenemos un sistema financiero más robusto. Ese, para mí, es su principal legado. Y no pudo ser esto más oportuno: los últimos doce años nos han golpeado con crisis inimaginables.

Confieso que su ascenso a Gerente General me tomó con algo de sorpresa; no por su capacidad, que le sobraba, sino porque les huía a los reflectores. Esa misma sencillez escondía una personalidad tremendamente estudiosa y una avidez enorme por el conocimiento, que le llevaron a tener una visión amplia y clara del mundo. Enemigo de la retórica insulsa, con él se cumplía aquello de que “todos los demás deben mostrar datos”.

Esta misma perspectiva le convirtió en un gran humanista. Por un lado, le llevó a convencerse de la capacidad del ser humano para resolver problemas. “Yo soy optimista”, era su frase de cabecera, aún en las situaciones de mayor apremio. Por otro, le confirió una enorme calidad humana: nunca le oí siquiera levantar la voz o perder los papeles con nadie. Respetuoso de las opiniones de cada uno, siempre tuvo espacio para escuchar y disentir.

Persona íntegra, reservada, amante de los malos chistes, que suelen ser los mejores, especialmente en los momentos de mayor tensión, cuando nadie los espera. Esa era su forma de decir que todo andaría bien.

Escribo esto porque considero un deber exaltar a los ciudadanos que intentan hacer nuestro país un poco mejor. A los que muchas veces en silencio, exigen, actúan, buscan hacer camino y al hacerlo logran que quienes los rodean crezcan. Si, como dijo Borges, el olvido es la única venganza y el único perdón, con Gustavo Vargas Fernández no puede haber olvido: fue un hombre bueno, a quien poco hay que perdonar y mucho hay que agradecer.





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