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Lunes, 16 de diciembre de 2019



FORO DE LECTORES


A cultivar liderazgos

Wagner Obando [email protected] | Miércoles 27 noviembre, 2019

Wagner Obando C.

La furia de algunos pueblos latinoamericanos indignados y sin esperanza es la noticia más actual y patente. Crisis, motines, bombas, incendios, saqueos, destrucción, despliegue militar, caos, toques de queda, muertos, fotos icónicas de las protestas, toda esa rabia viene deambulando por el continente –el mundo–, como si fuera una rana dando saltos de charca en charca, todo porque se acabaron las expectativas generadas por los gobiernos, los partidos políticos y sus liderazgos.

Dice Daniel Matamala (periodista y escritor chileno), quien llamó recientemente a Santiago de Chile, la “Ciudad de la Furia”, por todo lo sucedido en sus principales calles, que hace tiempo se incuba el ruido sordo de la falta de un proyecto país, de un camino al desarrollo, de una meta compartida que dé sentido a las penurias cotidianas.

Han acabado los partidos políticos con reconocida capacidad para generar más empleos, mejorar la economía, lograr una mejor distribución de la riqueza, sacar adelante la educación, la salud pública, la inversión, partidos que generen seguridad y que eliminen la corrupción. Los que continúan ya no sirven a estos propósitos: son muertos vivientes.

Hace años se acabó el bipartidismo en Costa Rica. La proliferación de agrupaciones políticas nuevas está en auge. Tenemos –y tendremos– para todos los gustos, un gran número para las próximas elecciones municipales, 93 cantonales, 23 provinciales y 21 nacionales. Sin embargo, las nuevas tendencias son lastimosamente poco sólidas como identidades políticas o ideológicas, común divisor con los partidos nacionales viejos, aún existentes.

Todos se parecen cada vez más a ‘agencias de avales’ de candidatos (tal y como lo llama el profesor universitario de Colombia, Alejo Vargas, director del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Colombia). Porque solo les interesa contar con el crédito político y hasta financiero de un grupo de empresarios, cooperativas, sindicatos, religiones, ONG…, a los que únicamente les rinden subordinación.

La democracia hoy día se asemeja a un “pacto de esperanza” más que a un contrato social. Por eso, las agrupaciones políticas deben tener un papel importante en dicho compromiso, apuntalando la formación de liderazgos políticos, de líderes con un fin ético, que estén por el bien común y la justicia. En esto hace más de 30 años que vienen fallando por las razones que sean. A todas les cuesta este reemplazo de dirigentes, tanto a los grupos de derecha como a los de izquierda latinoamericana, y a los nuestros.

Se terminó la escuela de formación de dirigentes políticos comprometidos con el desarrollo económico y social. No es extraño, entonces, que veamos algunos candidatos a alcaldes, regidores, síndicos, entre otros, altamente cuestionados, afianzados durante años en el poder, como si nuestro país no fuera una República Democrática, en donde no deben existir abusos en la permanencia de los cargos públicos. La reelección como instituto no está para tapar las fallas en cuanto a la ausencia de buenos líderes, lo cual acentúa entonces los perversos cacicazgos políticos. Y mucho menos para permitir el despotismo de ciertos políticos.

Es un hecho que las furias ciudadanas salen de su silencio para provocar la anarquía antisistémica, mientras los gobernantes medican solo aguantar hasta el fin, con lo cual se resquebraja ese “pacto de esperanzas”, nuestra real democracia, hasta volverse una charca más, a la que llegará el caos. Y todo porque no se edifican formas de gobernabilidad más apropiadas.

La democracia actual, como sistema de gobierno, necesita que los partidos políticos tengan y forjen una efectiva carrera política, requiere de magníficos liderazgos, apegados a un correcto proceder, a la justicia en general, que construyan inequívocas esperanzas y peleen por ellas, por un mundo mejor, maravilloso (anhelo de la canción de Louis Armstrong).

Por eso, la deuda política, que se ha aprovechado por años para muchas anomalías, debe servir para que los partidos políticos formen verdaderos guías. El correcto incentivo a la carrera política es una necesidad. Nuestros diputados deben darse a la tarea inmediata de crear la respectiva legislación. La práctica nos enseña que todavía peor que un sistema con pocos grupos políticos, es un sistema con muchos de ellos, con fines puramente electivos, sin bases concretas, sin liderazgos comprobados, ni ideas de valor, ni proyectos importantes a corto y mediano plazo.

Wagner Obando C.

Economista







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