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Martes, 11 de diciembre de 2018



COLUMNISTAS


Yo tengo un sueño

Leiner Vargas [email protected] | Martes 26 agosto, 2014


Invertir en nuevo conocimiento es el único seguro que podemos tener, para solventar como sociedad los problemas del cambio climático


Reflexiones

Yo tengo un sueño

-I have a dream- Estas fueron las palabras del Dr. Rodrigo Zeledón Araya, fundador del CONICIT y primer Ministro de Ciencia y Tecnología del país, en el homenaje que de manera correcta y justa se le dio por parte del Consejo Director del CONICIT, en la inauguración del nuevo edificio de la institución. Felicitaciones a esta insigne institución que ahora cuenta con una infraestructura decente para atender a científicos, tecnólogos y en general, a la sociedad costarricense.
Tengo un sueño de que la ciencia y la tecnología sea vista y entendida por los políticos como la respuesta necesaria para atender las demandas de nuestra sociedad en lo productivo, en lo social, en lo ambiental y en general, como espacio para el desarrollo de buena parte de nuestras libertades humanas.
La frase, que el Dr. Zeledón le tomó prestada a Martin Luther King, figura política crucial de la historia norteamericana y que supo inspirar a sus compatriotas ante la adversidad y la incomprensión de su tiempo, representa y con mucho la historia de muchos que ayer y hoy seguimos soñando con mejores condiciones para la ciencia y la tecnología en el país.
Son esas pequeñas pero inspiradoras acciones que han llevado a grandes cambios a la humanidad y que se expresan en resultados que trascienden para la historia. Mis respetos para el Dr. Zeledón y con él la gran cantidad de científicos que han hecho de la ciencia su vida muy a pesar de la adversidad con que la sociedad ha marcado sus caminos.
Quiero felicitar a todos los funcionarios y funcionarias de la institución por la tenacidad con que defendieron ante varias autoridades del ente rector su intención y deseo de construir una infraestructura para la institución, si bien un edificio no es una institución, una institución sin edificio propio no puede estar estable. Al igual que el árbol de guarumo, sembrado el día 20 de agosto de 2014, que representa la integralidad e interconectividad de las disciplinas científicas, la nueva edificación del CONICIT no solo es bonita, adecuadamente ventilada y versátil, sino que es un icono de un pueblo que se niega a ser tercermundista.
Hoy, que las aplicaciones de la informática y la electrónica están cambiando nuestro hacer y pensar, se requiere más que nunca el fortalecer la inversión nacional en ciencia, tecnología e innovación. Integrar más el sistema nacional de ciencia y tecnología a la producción y darles alas a las nuevas generaciones de jóvenes científicos y tecnólogos. Darnos a todos la oportunidad de soñar con la robótica, la mecatrónica, la nanotecnología, la biotecnología y las ciencias del espacio, entre tantas otras áreas del conocimiento que deben florecer en el país.
Invertir en nuevo conocimiento es el único seguro que podemos tener, para solventar como sociedad los problemas del cambio climático y los dilemas de la productividad en el mundo global de hoy, mañana será tarde. Gracias Rodrigo, por enseñarnos a soñar.

Leiner Vargas Alfaro

www.leinervargas.com