Alejandra Esquivel

Alejandra Esquivel

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Jueves 1 Enero, 2015

Si no tenemos un buen seguro de vida, no se vale ir demasiado de prisa. Si realmente queremos avanzar, no se vale demasiado fácil, ni demasiado lento


Vientos de cambio


Los vientos decembrinos quedaron atrás y con la llegada del nuevo año, aun cuando a la mayoría le resten cuatro días de vacaciones, será casi inevitable buscar claridad en lo que queremos cambiar o mantener en nuestras vidas para este 2015.
“No hay viento bueno para el que no sabe dónde va” —Una de las más populares frases de Séneca que han trascendido a la historia—. Tener épocas de poca claridad es lo más normal del mundo. Millones de personas viven con el piloto automático encendido y sin aceptar que no saben ni lo que quieren o peor aún, haciendo lo que saben que no quieren hacer.
Si queremos cambios en nuestra vida, aun cuando no sepamos qué es lo que queremos, lo peor que podemos hacer es quedarnos acostados en la cama viendo televisión, esperando a que un día un genio nos cumpla tres deseos o la inspiración se mude a nuestra casa. Un primer paso es comprender que, saber qué queremos hacer con nuestra vida no es cuestión de suerte o de azar. Saber qué queremos hacer con nuestra vida tiene mucho de emociones, pero mucho más de decisiones.
Con la llegada de enero, no significa que tengamos que forzarnos a tomar decisiones, pero que esto tampoco nos sirva de excusa para cruzarnos de brazos y no hacer nada. En mi experiencia, hay dos tipos de decisiones que me han costado muy caras: las que me he forzado a tomar “de ya para ya” y con las que fui demasiado condescendiente. Decidir qué quiere hacer con su vida requiere tiempo de calidad, esfuerzo mental y hasta físico, no crea que encontrar la claridad que busca le va a resultar gratis.
Nuestras respuestas, acciones, reacciones, palabras, hechos y decisiones de fondo, definen quienes somos y el impacto que nos autogeneramos y del que inevitablemente impregnamos a otros. No todas son cuestiones que se valga resolver a la ligera, para luego escudarnos en decir que no teníamos otra opción, a sabiendas de que eso solo signifique que tomamos la vía más rápida y más fácil.
Si no tenemos un buen seguro de vida, no se vale ir demasiado de prisa. Si realmente queremos avanzar, no se vale demasiado fácil, ni demasiado lento.
De hoy a dos meses, quizá antes, el día a día nos habrá absorbido a la mayoría, para entonces, el espíritu de cambio ya se habrá desvanecido y el debate interno entre lo que queremos hacer y lo que realmente estamos haciendo con nuestras vidas, también habrá perdido fuerzas.
En este 2015, no hagamos una lista larga de promesas que de antemano sabemos que no cumpliremos. No “procuremos” cambiar, “decidamos” cambiar (si es que lo queremos, desde luego). Hoy, podemos decidir que haremos algo y adquirir el compromiso cada quien con su propio yo. Luego, cada día, construya el cambio, decidiendo qué hará diferente para cumplirse a sí mismo.
Les deseo un próspero y sobre todo feliz año 2015.

Alejandra Esquivel Guzmán
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